“…un lebrel que no duerme y un dragón colosal…”

“…un lebrel que no duerme y un dragón colosal…”

11 de junio de 2026 0 Por Ángulo_muerto
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Por Frank G. Rubio para Ángulo Muerto.

ENTREVISTA A ALBERTO ÁVILA

Muchos aficionados al cómic tuvieron conocimiento de que el ocultismo seguía teniendo una salud de hierro gracias a los guionistas Alan Moore y Grant Morrison. El primero de ellos con un enfoque clásico y el segundo con una perspectiva posmoderna, popularizaron la magia del caos. Este libro habla de sus triunfos, sus fracasos y sus enfrentamientos, pero va mucho más allá. La magia del caos está hecha de historias fascinantes y personajes increíbles de los últimos 150 años. Desde la época victoriana hasta los hechizos realizados con memes de Internet y criptomonedas, vamos a descubrir un mundo subterráneo y clandestino, poblado por seres patéticos y gloriosos con más influencia de la que nos gustaría admitir. Realizaremos un viaje (a veces lisérgico) por el tiempo para descubrir que figuras en apariencia tan dispares como Aleister Crowley, William S. Burroughs, Robbie Williams o Elon Musk pueden tener más cosas en común de lo que parecen.”

Hasta aquí la publicidad de la editorial.

AM: Peter Carroll (1953-2026) ha muerto hace un mes, fue un ocultista británico clave para comprender la magia del caos…

AA: Ha muerto con discreción, así es. En esta era de redes sociales en las que la muerte es un circo Carroll se ha ido sin hacer demasiado ruido y probablemente eso le hubiera agradado. Carroll era un mago respetable. En algunos aspectos un visionario y creo que es legítimo considerarlo como el pionero de la magia del caos junto a su colega Ray Sherwin, a mediados de la década de 1970. Fue muy consciente de pisar un terreno que ya habían pisado otros ocultistas como Austin Osman Spare (1886-1956) y supo conjugar el pasado con el futuro. Uno de los aspectos más valiosos de su trayectoria no es lo que hizo, sino lo que dejó de hacer. En un mundillo lleno de vanidades, su orden mágica, Los Iluminados de Thanateros (IOT) no acabó convertida en una secta al uso y, en un momento dado, pidió que no se le considerara ni magus ni pontífice del caos. Un tipo interesante de quien nos quedan sus libros.

AM: AOS (Austin Osman Spare) en principio es el operador básico de este tipo de magia… era un artista muy peculiar. Has traducido alguno de sus libros…

AA: Aunque la Magia del Caos surja como tal en la década de 1970 no sale de la nada, obviamente. Es otro escalón en la historia del ocultismo occidental y probablemente el más notable de sus precursores fue Austin Osman Spare, un ilustrador y pintor inglés de la época eduardiana que, en un momento dado, se cansa de los aparatosos rituales de la magia clásica y diseña una magia mucho más libre y espontánea que encarnaba el gran ocultista de su época, Aleister Crowley (1875-1947) con quien entabló una relación fascinante.

Osman Spare no solamente fue un artista excepcional, (invito a los lectores a que le echen un vistazo a su obra para que juzguen por sí mismos) sino que fue un visionario. Sus máximas aportaciones al ritualismo mágico fueron los “sigilos”, que son unos símbolos gráficos en los que condensan los deseos del mago, y “la postura de muerte”, que es un sistema de meditación que se reduce a una sola postura. Es difícil que no te caiga bien un personaje como Spare, que conoció el éxito más rotundo como pintor en su juventud y que murió casi relegado en el olvido. Un hombre que fue a la vez un gran reaccionario que renegó de los «ismos» del siglo XX y, a la vez, se anticipó al arte pop. La suya fue una magia creativa y libérrima.

AM: ¿Qué relación tienen con la muerte los magos? En este caso los tres que hemos citado: Peter Carroll, Aleister Crowley o Austin Osman Spare?

AA: Es una pregunta compleja y que se resiste a una respuesta fácil. Hablamos de ocultistas que, por encima de todo, se apartan de los credos religiosos convencionales. El cristianismo simplemente ofrece unas herramientas que son ajenas a la Magia del Caos. No obstante, su vocación anárquica tampoco la debería rechazar de plano, ni tampoco una existencia consciente post mortem, como pretenden las religiones mayoritarias. Aunque Crowley no sea un ejemplo muy puro de mago caoísta, pero se enfrentó a la muerte abrazando una actitud taoísta, algo que probablemente no sorprenda en un hombre que practicó el alpinismo de alto nivel, el yoga con gran asiduidad, la sexualidad ritual, consumió todo tipo de drogas y se sometió a estrictos ayunos. En todo caso, quería señalar que en el momento de morir dijo: «estoy perplejo». Creo que esta perplejidad es una inspiración interesante para los magos.

AM: ¿Qué hace diferente a la magia británica con relación a la americana o la europea continental? ¿Cuáles son sus rasgos distintivos?

AA: En realidad la tradición anglosajona es bastante homogénea, tanto a un lado como a otro del charco. Tienen en común un considerable chauvinismo que pone en primer término a magos como John Dee (1527-1608) o Aleister Crowley y olvida a personajes como nuestro marqués de Villena (1384-1434) o Moisés Maimónides (1138-1204). Los anglosajones pasan todo por un filtro popular y lo llevan a su terreno. Son expertos en inventar lo que demasiadas veces ya está inventado y convierten sus magos en algo así como estrellas de rock o monstruos de la cultura popular (no hay que olvidar esa portada de Sgt. Pepper de los Beatles con la figura de Crowley).

Hay magos con un perfil más bajo como Austin Osman Spare, Peter J. Carroll o Ray Sherwin, pero en realidad prima el exceso con músicos ocultistas como Jimmy Page, David Bowie (1947-2016) o Genesis P-Orridge (1950-2020). Creo que su rasgo distintivo principal es haber pasado de contrabando toda una tradición milenaria a nuestra época y hacerla sentir como algo nuevo o incluso posmoderno. De alguna manera, la Magia del Caos, en esta época de narcisismo, redes sociales, fake news y manipulación a gran escala, parece estar viviendo una edad de oro.

AM: La cultura popular, en concreto el cómic, determinada variante de cómic, ha difundido los supuestos motivos de la magia del caos. Pienso en los autores que aparecen citados en la propia portada del libro: Alan Moore y Grant Morrison.

AA: Me atrevería a aventurar que la cultura popular es el hábitat natural de la Magia del Caos y nada tiene de raro que a su sombra se extienda. En la década de 1980 la industria norteamericana del cómic buscó savia nueva para el fatigado género de superhéroes y buscó al otro lado del charco. Contrató a una serie de guionistas talentosos y jóvenes encabezados por el inglés Alan Moore y entre los que destacaba el escocés Grant Morrison. Revolucionaron el género con obras como Watchmen o Animal Man y, a la vez difundieron el ocultismo contemporáneo. Morrison escribió Los invisibles, que es casi un tratado práctico de Magia del Caos, y Moore, que era un practicante más tradicional, escribió Promethea. Son las obras más abiertamente mágicas de unos artistas que todavía siguen activos.

Morrison se introdujo en la magia desde la adolescencia y Moore llega cuando cumple los 40 años, pero ambos consiguieron que una generación de lectores se interesara por este tema. No es exagerado decir que probablemente sean uno de los mayores introductores de la Magia del Caos en este país. Capítulo aparte es que ambos protagonizaron una de las más sonoras y chifladas rivalidades entre artistas que se recuerdan. Pero sería demasiado largo extenderme sobre ello ahora, no tengo más remedio que remitirme a mi libro para los curiosos.

AM: Con relación al film Matrix (1999) Jean Baudrillard (1929-2007) marcó inmediatamente distancias, proclamando que era la película que “la matrix” hubiera elaborado sobre sí misma. Lo he leído en tu libro. En el caso de la “magia del caos” soy yo quien te propone intentar entender que el fracaso de la cristósfera-noósfera junguiana y teilhardiana de los años treinta y cincuenta, abrió paso al pandemonio expresivo audio electrónico generado por la aldea global cuya agonía vivimos en la actualidad. La magia del caos seria un refugio retorico, una mezcolanza de lugares comunes procedentes de una contracultura agónica que solo genera ya productos devenidos fórmula. Un segmento de la cultura de masas afectado por una intensa medianía estética que lo utiliza como un McGuffin. Obviamente también es el el intento de determinadas minorías del ámbito cultureta para mejor distinguirse con ello. Puro kippel en nuestro tiempo post COVID…

AA: Entiendo que pretendes poner la Magia del Caos en el banquillo de los acusados. No podría dictar sentencia porque, de alguna manera, la Magia del Caos se alimenta de este tipo de juicios. En realidad diría que propones sentar en el banquillo una cultura devorada por el espectáculo y el simulacro en la que este tipo de ocultismo se encuentra muy a gusto. Desviaciones de la Magia del Caos, como el tecnopaganismo o la idolatría pop y estrategias como el esquizoposteo o los conjuros meméticos la han dejado incluso atrás. No pongo en duda que la medianía estética esté en todas partes y que cuando hablamos de contracultura no hablamos de un concepto moribundo, sino de unos restos esqueléticos profanados en bucle. Tampoco creo que haya ninguna edad de oro a la que regresar. En fin, el panorama no es muy alentador y, aún así, prefiero cabalgar el tsunami en lugar de ver cómo arrasa todo.

AM: La relación de la magia con lo invisible y las energías sutiles es muy antigua, las cosmogonías hablaban de estructuras vibracionales propuestas como vínculos, y presencias inteligibles, y sus transformaciones. Todo ello revestido de relatos fuertes. La música es sin lugar a dudas el paradigma de lo vibracional y lo invisible, así como vehículo de las transformaciones más profundas de la psique. Su relación con la arquitectura, más en la tradición occidental, es fundamental. La magia del caos está vinculada a determinados tipos de…vamos a llamarlos por convención “música”. Háblanos de este tema, al que dedicas un artículo largo y trabajado en tu libro.

AA: Como muy bien explicas, uno de los espacios donde mejor se desarrolla la magia es en la música; y la Magia del Caos no es una excepción. Incluso diría que es una de las prácticas ocultistas más fuertemente vinculadas con el arte. El ocultismo en el siglo XX se sintió a gusto en el mundo transgresor del rock and roll. La relación de Led Zeppelin con la magia negra es tan legendaria que sería absurdo intentar resumirla. Baste con decir que Jimmy Page fue propietario de Boleskine House (la mítica casa a orillas del lago Ness) de Aleister Crowley, llenó el diseño de sus álbumes de simbología ocultista o que regentó la librería Equinox, que en su época fue una de las mejores del mundo en estos temas. No fue el único, pero quizás sí el más conocido. Los Rolling Stones o David Bowie han estado muy interesados en estos asuntos y, curiosamente, casi todos salieron trasquilados.

Dentro de la Magia del Caos quizás el personaje más interesante y polémico sea Genesis P-Orridge, que estaba detrás de grupos como COUM Transmissions, Throbbing Gristle o Psychic TV. Probablemente se sentiría orgullosa de que se ponga en duda su música como tal. Lo cierto es que más que para melómanos, su propuesta se podría calificar de ceremonias sonoras no desprovistas de un corrosivo sentido del humor y poco aptas para oídos sensibles. Fundó The Temple Ov Psychick Youth, un «club de amigos» donde dio rienda suelta a sus inquietudes ocultistas.

Aunque Genesis sea la más conocida, no es la única, muchos artistas tan dispares como Robbie Williams, Aphex Twin o Damon Albarn (líder de Blur y Gorillaz) han coqueteado con la magia e incluso han compuesto música concebida como un acto mágico. La lista es muy amplia, pero no podría dejar de citar a bandas y solistas como Death Grips, Current 93 (que colaboró con el escritor Thomas Ligotti), Bull of Heaven o Grimes. En fin, lamento de nuevo no tener más remedio que remitirme al libro.

AM: Esta variante de chamanismo posmoderno, con escasas curas en su haber, habita el contexto de una cultura popular donde la canibalización y reciclamiento continuo de materiales (la manipulación sistémica de residuos psíquicos) se ha convertido en norma. Con un muy escaso componente ya de transgresión. En ella habitan criaturas e influencias muy peculiares, algunas nada británicas, como Ron Hubbard (1911-1986) y su Dianética (1950)...

AA: Es muy interesante considerarlo chamanismo porque eso mismo define un poco la situación del mundo en que vivimos. El chamanismo tradicional se basa en una conexión con el universo espiritual y la Magia del Caos en realidad hace lo mismo, lo que pasa es que la conexión la realiza con un ámbito espiritual extenuado y sometido a la simulación y el espectáculo. La sumisión de nuestra cultura al reciclaje de conceptos e ideas y a una nostalgia terminal hace muy improbable la transgresión en el aspecto esotérico o en cualquier otro. Tampoco quiero parecer un nostálgico con una edad de oro perdida, porque no creo que exista tal cosa. Y el papel de Hubbard y la Cienciología en este drama esotérico supongo que levanta ampollas en algunos, pero lo cierto es que su papel no puede ser omitido.

AM: El espacio, la última frontera…

AA: El espacio exterior es la única salida cuando languidece el espacio interior. Por mucho que percibamos nuestra realidad como infinita, lo cierto es que existe una fatiga de los lugares. Permíteme que, en honor a Aleister Crowley, haga un símil usando el alpinismo. La era de los grandes exploradores se quedó en el pasado y en la geografía de nuestro planeta no quedó montaña que conquistar o senda que transitar. Cuando esto sucede, es inevitable caer en la más o menos supina idiotez; así, la heroica de los alpinistas que conquistaron el Everest ha sido sustituida por la frivolidad de los ejecutivos que han convertido esa cumbre en un reto para esnobs adinerados. La magia puede parecer que corre el mismo peligro y hay que asumir que no todos los periodos son propicios. Aún así, creo que en el ocultismo queda mucho territorio por recorrer e historias por escribir, que cada cual busque su camino.

AM: Tú mismo recalcas que” los magos del caos buscan un ocultismo primario y sin pulir”. Curiosamente esta variante de magia, similar y seguramente mucho menos eficaz y desarrollada que la publicidad convencional, ha hecho sus pinitos políticos. Al fin ya al cabo en las democracias las campañas electorales son muy similares a las publicitarias…Háblanos de esto, al fin y al cabo le dedicas una parte del libro…esas repugnantes ranas y V (Uves…)

AA: La vinculación de la publicidad con las estrategias de la Magia del Caos ya la trató con cierta profundidad el mago Ramsey Dukes y, en cierto sentido, no tiene por qué haber una contraposición entre ambas. No olvidemos que este tipo de magia no deja de emplear cualquier herramienta a su disposición; esto hace que tenga un papel definido en las redes sociales y en Internet. Ya en 2004 R. Kirk Packwood escribió un grimorio sobre el uso mágico de los memes. Hoy en día, el campo de batalla de la política está en Internet y los símbolos y memes tienen un marcado carácter esotérico. En el libro trato como ejemplo la primera campaña política de Donald Trump y la de Javier Milei. Los símbolos, por ser vulgares o triviales, no dejan de ser influyentes (quizás lo sean más).

En el marco de lo que se ha denominado “ocultismo occidental”, uno de sus más recientes segmentos es lo que se ha denominado “magia del caos”. Nos encontramos, como en tantos hallazgos posmodernos, con una “tempestad en una taza de té” vinculada en gran medida al marketing cultural. Algo parecido a la “movida madrileña” pero más consistente, extendido y profundo. Originado en el mundo anglosajón, aunque se poetice su trayectoria y existencia como “un cabalgar la cola del cometa”, es más una recapitulación o una moda que una influencia cultural viva. Este libro sintetiza a la perfección la emergencia y desarrollo del fenómeno desde sus orígenes, haciendo hincapié en su conversión en moda cultural. Recordemos el trabajo de Mircea Eliade (1907-1986) sobre “el ocultismo y las modas culturales” (1976). El libro de Peter Carroll es de 1978.

Ocultura”, un termino odioso, que ha ido ganando popularidad en sectores donde se confunde lo académico con el marketing cultural masivo, pretende abarcar este presunto magma. La superposición entre la cultura popular (variante de masas) y el ocultismo ha devenido lugar común desde la Ilustración. El nihilismo contemporaneo debe más de lo que parece a esta amalgama.

El libro contiene numerosos materiales, bien organizados, sobre esta cuestión que involucra la transformación de creencias y visiones en un sistema cultural profundamente desencantado. Todo ello en un recinto, más que un contexto, bastante más estrecho del que sus personajes pretenden evocar. Movidos por un desvergonzado narcisismo (supuestamente transgresor) común por lo demás a toda la cultura pop. Otra patología de nuestro tiempo asumida como “normalidad” es decir como espectáculo.

Como en otros planos de la producción, no solo cultural, nos encontramos con una compulsiva canibalización y reciclado continuo de materiales. Los resultados son muy variados, con un valor estético en ocasiones más que dudoso. Este es pues un libro enciclopédico que dará multiples claves a los lectores atentos sobre la alienación y la crisis cognitiva y estética de nuestro tiempo.

El autor, al que me atrevo a calificar como” nuestro Patrick Harpur”, es escritor de pura cepa que cultiva la novela, el relato, el ensayo y también el grimorio. En la actualidad vive en una caverna anónima en las inmediaciones de Santiago de Compostela persiguiendo los límites de la Gran Obra.

Historias de la magia del caos.

Diabolo Ediciones, 2025