
EL TEMOR AL REY
7 de mayo de 2026 ![]()
Frank G. Rubio
¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia» (Job 38:4).
En 1985, una fecha ya lejana en el tiempo: la vida es así, se publica en los Estados Unidos un interesante volumen de Douglas E. Winter titulado Faces of Terror, hasta dónde yo tengo conocimiento no traducido al español (hay revisión de 1990). Contiene el libro diecisiete entrevistas a otros tantos autores de terror. En el número 9 de los 17 entrevistados, en el mismo centro de la serie, encontramos a T.E.D. Klein. Hay escritores ingleses y norteamericanos; entre ellos, como en La subasta del Lote 49, una sola Edipa: V.C. Andrews (1923-1986) Eran tiempos de tolerancia y jolgorio; ahí están: la música, el cine, la ropa de vestir y muchas otras cosas para demostrarlo. Estábamos situados en el final de la Guerra Fría, que alcanzaría su colofón en 1989 con la Caída del Muro de Berlín. Por entonces el “género”, hablo de literatura y cine, no de imbecilidades, iba viento en popa. En la Introducción, el “señor Invierno” comenta:
En los últimos quince años (desde 1970) se han publicado más novelas de terror que en toda la historia anterior de la imprenta. El número de películas de terror producidas en ese mismo periodo es igualmente asombroso. Y la estética del terror ha trascendido la ficción y el cine, invadiendo la esencia misma de nuestra cultura.
Este volumen de más de 500 páginas, magníficamente editado por Valdemar, traducido por José María Nebreda, es una excelente e imprescindible aportación puesta en mano de los aficionados al Terror en lengua española. Sobre su autor, el arriba antes citado, hallará el lector amplia y bien documentada información en el Prólogo de Jesús Palacios, T.E.D. Klein: el último clásico. Me limitaré pues a consignar sobre este perpetuador de Lovecraft, que no perpetrador de pastiches, algunos datos muy básicos y recomendar la lectura atenta del prólogo; eso sí, tras leer íntegramente el contenido narrativo. Esta obra se compone de dos antologías: Dioses oscuros (1985), que incluye cuatro novelas cortas, e Historias reconfortantes (2006) que abarca doce relatos publicados entre 1972 y 2021.
En 1984 publicó su única novela The Ceremonies. En España se tradujo como Ceremonia macabra (Martínez Roca, 1987). Algún diablillo ha hecho de las suyas y en Amazon España sitúan su fecha de publicación en 1900, clasificándola además como “ciencia-ficción humorística”. No crean todo lo que lean. Nació en 1947 fecha de la muerte de Arthur Machen (1863-1947), autor al que admira y le inspira sobremanera, e inicia su carrera literaria en 1972 con la publicación de Los incidentes en la granja Poroth, novela corta incluida en la antología de “relatos reconfortantes” antes citada. Es un escritor poco prolífico, autor también de un par de ensayos y algunos poemas.
Nacido en Nueva York, admirador sincero de Lovecraft (1870-1937), estudió Literatura en la misma Providence en la universidad de Brown. Tiene también estudios sobre cinematografía cursados en Nueva York en la universidad de Columbia. Este antro académico se ha hecho en la actualidad tristemente celebre por los graves disturbios antisemitas que tuvieron lugar hace pocos años. Que curiosamente prolongan una actitud que ya estuvo presente durante los años 20 y 30. Richard Feynman (1918-1988), por ejemplo, fue rechazado por este motivo. Columbia tenía por entonces un sistema de cuotas muy restrictivo con relación a la “gente kosher”.

Klein es un judío de pura cepa cosa que se hace notar, para delicia del lector, en toda su producción. Destaco este asunto porque posteriormente indicaré muy por encima una propuesta de exégesis de su obra, contenida ya en el titulo y la cita introductorias, para mejor comprender su idiosincrásico enfoque sobre el Terror.
Como narrador de horrores bizarros es sobrio y comedido. Bastantes experiencias, de difícil asimilación por sus protagonistas, tienen lugar en la Gran Manzana. Ha sido un lector incansable de pulps, hábito que no ha abandonado y del cual el lector encontrará acá y allá alguna que otra referencia nostálgica y temática. Hay en él mucho de emulación y recapitulación creativa de los grandes maestros del género de la posguerra: Bloch, Matheson, Collier…con una pizca de deconstrucción, más de lo real que de lo literario, activada a través de un humor muy peculiar. Suponiendo que sea humor…
Filosóficamente denuncia con ingenio los excesos de la modernidad, llegando en varios de sus relatos a lo políticamente incorrecto. Lo que le honra y descubrirá el lector, sin necesidad de un microscopio electrónico. Pensemos en Un negro con un saxofón, deliciosa fantasía lovecraftiana con sabores étnicamente exóticos, de la que no digo nada más pero que estremecerá y a la vez hará reír a carcajadas al lector sensible. Entre 1981 y 1985, durante 37 números, dirigió la publicación periódica: Rod Serling’s The Twilight Zone Magazine. Fue escogido por la Viuda del Fumador…
El lector sabrá encontrar y disfrutar mucha información en el Prólogo ya citado. Me limitaré a consignar muy brevemente dos cuestiones “inéditas”: su “novela perdida” y la “hipótesis religiosa” sobre su ficción. Empecemos por la novela…La entrevista citada, recordar que es de 1985, y 1985 suma 23, culmina con esta referencia bibliográfica:
Cuando hablamos, Klein acababa de firmar un contrato con Viking, la editorial de The Ceremonies (Ceremonia macabra), para completar una novela corta, "El dios de Nadelman", para su colección de relatos Dark Gods (1985) (Dioses oscuros), y luego escribir una nueva novela para su publicación en 1986. Será, según él, "una novela de terror paranoico ambientada íntegramente en la ciudad de Nueva York". ¿Qué ocurrió con este asunto? Lo olvidado suele formar parte de muchas tramas terroríficas y en los relatos situados en esta antología no es raro que haga acto de presencia. Suele ser motor de vicisitudes que van de lo incomodo a lo definitivo. Me puse en contacto con ChatGPT a ver qué tenía que contarme desde las profundidades del Tártaro, donde conjeturo tiene el sustrato físico encadenado, y me contó la curiosa y posiblemente insensata historia que ahora os transcribo:

“…tienes mucha razón; se trata de una de las leyendas urbanas más famosas del género. Esa novela se titula Nighttown y lamentablemente ha permanecido en estado de «limbo» durante más de tres décadas. Klein la describió como una novela de terror paranoico y sobrenatural ambientada íntegramente en la ciudad de Nueva York. Un fugitivo llamado Larry Tucker presencia cómo una mujer es empujada a las vías del metro y termina siendo perseguido por el asesino.
Fue anunciada oficialmente por la editorial Viking a finales de los 80 (originalmente para 1989) e incluso llegó a tener asignado un número ISBN. Sin embargo, la publicación se pospuso repetidamente hasta que el proyecto pareció quedar abandonado. ¿Por qué no se publicó?
Los rumores sugieren que Klein sufrió un bloqueo con el final o que se desanimó por las similitudes temáticas con la película The Believers(1987). El propio autor ha admitido en entrevistas que escribir le resulta un proceso extremadamente difícil y lento. Aunque la novela como tal se considera abandonada, recientemente la editorial Chiroptera Press publicó una edición de arte limitada (broadside) con fragmentos de un borrador temprano, permitiendo a los fans leer por primera vez una pequeña parte de este proyecto “misterioso.”
Los chicos del reino (contenida en este libro) es considerada por muchos críticos como la mejor historia de terror sobre Nueva York. Ambientada durante el famoso apagón de 1977, utiliza la suciedad, el crimen y la decadencia de la ciudad como un velo para ocultar algo mucho más antiguo y monstruoso que vive en el subsuelo. Comparte con Nighttown esa sensación de que la ciudad misma es un organismo hostil.”
Interrumpo la exposición de nuestro demoníaco colaborador para señalar que Klein ha declarado en varias ocasiones: No me siento a gusto en la naturaleza. Soy el típico hombre de ciudad. Me gusta estar cerca de la civilización. Me gusta vivir cerca de librerías e ir a restaurantes por la noche. Continuemos para enlazar con la segunda cuestión…
“Nadelman’s God (El dios de Nadelman) aunque se centra más en la creación de un mito personal, transcurre en entornos urbanos y oficinas grises, mostrando cómo el horror puede surgir de la cotidianidad más aburrida de la metrópoli.”
En Génesis (4:17) se recalca como Caín, tras su crimen, es desterrado a la tierra de Nod en el este del Edén donde fundó la primera ciudad a la que dio el nombre de su hijo Enoch. Posiblemente para ahogar en ella sus remordimientos…
Nadelman es un apellido judío de origen alemán, “needle”: aguja. En La riqueza de las naciones (1776) Adam Smith (1723-1790) utiliza como ejemplo para representar el poder de la división del trabajo la imagen de una factoría de alfileres. Metrópolis asomaba ya por el horizonte.
Añadamos al cocktail la ciudad de Enokia, que forma parte nombre de la empresa de nuestros editores de Valdemar (Enokia S.L.) Con estas inquietantes y perturbadoras coincidencias y anomalías en mente, paso a la segunda cuestión que sé despertará animadversión en muchos lectores. Una gran parte de ellos, mas no todos, me resultan a mi quizá bastante más repugnantes.
Rafael Llopis (1933-2022), psicoanalista de tendencia junguiana que pasó del materialismo histórico (la superstición que sufrimos muchos en los sesenta, setenta) a la alquimia, en su estudio sobre Los Mitos de Cthulhu (Alianza Editorial,1968), aunque reconocía que Lovecraft se había declarado expresamente ateo, escribió lo siguiente:
Lovecraft, aun radicalmente ateo, siempre sintió un anhelo religioso que él mismo reprimió y sublimó…Lovecraft se aferró a un materialismo estrecho y a una lógica caduca que engendraron, como es habitual, un irracionalismo compensador. Esta ultima frase se podría aplicar con justicia a muchos lectores que concilian el ateísmo con creencias cordiales y cotidianas de una abyección manifiesta. Algunas de ellas políticas.
El único defecto que le veo a este autor es el excesivo alargamiento que percibo en la mayor parte de sus piezas, quizá sea algo buscado para mejor introducir un elemento desproporcionado que hace más intensas e inquietantes las atmósferas.
Me he prometido a mi mismo no contar los argumentos pero voy a violar un diez por ciento mi propósito. El relato El dios de Nadelman es vigorosamente religioso, aunque en él los personajes carezcan de móviles, y a pesar del supuesto agnosticismo del autor. El relato termina con el protagonista buscando refugio desesperado en una sinagoga, perseguido…y aquí no os voy a desvelar nada más por una amenaza de intensa maldad. Pero lo mejor está al principio de la narración que se inicia con el contacto de Nadelman, indirecto en sus inicios, con la brujería. Esto tiene lugar en un oscuro club sadomasoquista: el Chateau 21. Si buscamos un sentido esotérico a este número, más allá de la referencia habitual al arcano del Tarot, lo encontraremos en los 22 senderos que unen los diez sefirots del Árbol Cabalístico. El sendero 21 une la Misericordia (Hesed) con la Victoria (Nezah) y es conocido como “la inteligencia que busca al peregrino que busca”. Si leemos esta novela corta teniendo presente esta idea entenderemos muchas cosas, no sólo del relato concreto sino del sentido esotérico mismo del Mal en la concepción cabalista hebrea: el Sitra Achra, la cara oscura de lo divino…la Otra Parte.
En su entrevista con el señor Invierno y ya nos vamos, declaró:
Me gusta ese pequeño escalofrío, el vello que se eriza en la nuca, pero valoro más esa sensación que se experimenta al vislumbrar algo inmenso y extraño, ya sabes, algo que escapa a nuestra comprensión. Lovecraft solía provocarme esa sensación; ahora la encuentro con más frecuencia en Machen. Ciertas imágenes pueden incluso conmoverme. No es miedo, ¿sabes?, sino más bien una especie de asombro. Por eso creo que prefiero «fantasía sobrenatural» para describir lo que me gusta, en lugar de «terror».
Y es que el hombre nunca es un ser plenamente integrado en el decorado.

