ENTREVISTA A PEDRO ANGOSTO MUÑOZ

ENTREVISTA A PEDRO ANGOSTO MUÑOZ

5 de junio de 2026 0 Por Ángulo_muerto
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Frank G. Rubio

Autor de LOS PRIMEROS SUPERHÉROES. TODOS LOS PERSONAJES DE LA EDAD DE ORO DEL CÓMIC NORTEAMERICÁNO

Diabolo Ediciones, 2025

AM: Afirmas que los superhéroes son mitos modernos, pero ¿no es eso una etiqueta demasiado cómoda? ¿Qué aporta tu enfoque que no hayan dicho ya Campbell o Eco?

PAM: Afortunadamente para mí, que suelo teorizar sobre ellos, Joseph Campbell, hasta donde yo sé, no llegó a hablar de superhéroes. Hubiese encontrado un campo apasionante donde, como en Star Wars, el mito se renueva. El ensayo de Eco es histórico, pero calculo yo que había leído muy pocos números de Superman, o habría caído subyugado por la complejidad de su “mitología” en la Edad de Plata, que no tiene nada que envidiar a las cuestiones bizantinas que debaten los teólogos de El Nombre de la Rosa en complejidad y riqueza.

El caso es que yo lo que digo es que los superhéroes nacen en los años 30 y 40 del siglo pasado como una nueva mitología, inspirados a partes iguales por los héroes de las mitologías –sobre todo griega, también egipcia o nórdica- y los caballeros artúricos, con sus emblemas y valores.

Y, actualmente, su éxito en el cine los han convertido en la Mitología actual, la narración que aúna millones de espectadores en todo el mundo y que define iconográficamente nuestra comprensión de la ficción y de nuestro propio mundo.

 

AM: Dices que el primer superhéroe no llevaba capa. ¿Estamos ante una provocación retórica o realmente propones una genealogía alternativa del género?

PAM: Descontando The Phantom, el Hombre Enmascarado, que es propiamente el primer superhéroe con traje y parafernalia, en realidad el primer personaje considerado fundador del universo DC Comics, en 1935, tres años antes de Superman y creado también por Siegel y Shuster es un detective psíquico llamado Doctor Occult que vestía sombrero y gabardina a lo Sam Spade, enfrentado a vampiros, hombres lobo y realizando viajes astrales –esta vez si, en mallas y capa.

AM: Supermán en tu lectura es un mito solar. ¿No crees que esa interpretación corre el riesgo de convertirlo en un símbolo rígido, casi dogmático, cuando el personaje ha cambiado tanto?

PAM: Supermán es un mito solar…pero no en sus orígenes en la Edad de Oro, donde arranca siendo un cruzado social, defendiendo a señoras maltratadas, mineros explotados por millonarios o deteniendo “racketeers” sin escrúpulos. Es la fantasía de una fuerza del orden en los Estados Unidos del New Deal, donde el público mayoritario, inmigrante, había caído en la falta de esperanza de la crisis del 29.

Por lo demás, por política de mantenimiento de copyright, todos los personajes, con Supermán a la cabeza, se “reencarnan” ya, anualmente, en nuevas formas, principios, uniformes, objetivos y demás. Lo cual no quita para, como decía el guionista de Superman Alvin Schwartz, estudioso oriental, el personaje sea un Tulpa, una entidad psíquica-astral que existe realmente más allá de sus diferentes encarnaciones y mutaciones.

 

AM: La Edad de Oro suele tratarse como arqueología pop. Tú la presentas como un laboratorio cultural. ¿Qué descubriste ahí que te obligó a reescribir tu propio mapa mental del género?

PAM: Siempre es interesante, más desde un enfoque de historiador del cómic, descubrir los orígenes de tal o cual personaje o villano, a menudo muy diferentes de las versiones actuales. Además de legiones interminables de nazis, espías, quintacolumnistas, saboteadores y gangsters en general, propios de la época bélica en la que nacen los superhéroes, en las historias y personajes que prefiero hay una indudable influencia del pulp, en tanto los orígenes están mucho más basados en fantasias orientales o weird science, mientras que ya en los años 60, los superhéroes de la Silver Age tendrán un contexto de Ciencia-Ficción y aventura espacial: Radiactividad, otros planetas, invasiones alienígenas, etc…

Leyendo por ejemplo a superhéroes patrióticos o las primeras aventuras de la Justice Society of America –el primero supergrupo de la historia- uno percibe muy bien lo que hoy se denomina “Americana”, esos temas y enfoques, en muchos casos también sociales –veteranos, defensa, crimen juvenil…- que convierten a los héroes en una mitología para un país de inmigrantes que no tiene una propia.

AM: Hablas de Shazam como heredero directo de Hércules. ¿No es una simplificación peligrosa? ¿Dónde acaba la analogía y empieza la historia editorial?

PAM: Heredero de la Fuerza de Hércules, junto a los dones de otros cinco héroes o dioses griegos, y la Sabiduría de Salomón. No hay que perder de vista que muchos de estos autores eran judíos (y masones).

En realidad Capitán Marvel –el nombre original del personaje- es una versión de Supermán, pero con fondo legendario-mitológico, mucho más rico que la exigua capa de cf con la que nació el de Krypton.

Fue el personaje que más vendió en la Edad de Oro de los cómics, superando el millón de ejemplares, y en un pleito eterno con Supermán por plagio, con quien solo tenía algunos puntos superficiales en común.

 

AM: Tu libro parece sugerir que los superhéroes funcionan como religión civil. ¿No es exagerado decir que sustituyen rituales, liturgias y figuras sagradas?

PAM: No es eso exactamente lo que yo sugiero, sino que, como ficción que son, se han convertido en el nuevo contenedor de los viejos mitos, renovados. Pero como sabe cualquier espectador que asistiese a Avengers: Endgame, y escuchase los aplausos y alusiones de todas la sala cuando al final “llegaban los buenos” a salvar el día, todo eso sí es una liturgia moderna y catarsis colectiva.

 

AM: Muchos lectores creen que los superhéroes son “solo entretenimiento”. ¿Qué les responderías sin caer en el elitismo ni en la condescendencia?

PAM: Que son el Noveno Arte. Y por lo tanto Cultura. Si tu lectura no pasa de entretenerte, pues es válido así. Lo cual no quita para que leyendo a Kirby, Fox, Gaiman, Moore o Morrison uno pueda llegar a tener verdaderas epifanías. Por desgracia, actualmente en los cómics de superhéroes hay una falta de profesionales y artistas que convierte las aventuras mensuales en poco más que un trámite legal para mantener el copyright. Pero en los superhéroes hay grandes obras maestras en las que nos hemos formado generaciones enteras, afortunadamente reeditadas de manera completa y continua en la actualidad.

 

AM: ¿Qué pesa más en tu análisis: la intención de los creadores originales o la lectura simbólica que hacemos hoy? ¿Quién tiene la última palabra sobre el mito?

PAM: Pues, por desgracia, me temo que las corporaciones propietarias de esos personajes. Y lo digo porque el vaivén de los tiempos y esa necesidad de mantener siempre “actualizados” a los personajes ha devenido en etapas y enfoques que no solo son absolutamente contrarios a la versión original de los autores, sino que asquean a profesionales actuales y los pocos fans que aún persistimos en ellos por igual.

AM: ¿Qué mito clásico te sorprendió más al encontrar su eco en un personaje de la Golden Age?

PAM: Uno de mis personajes favoritos es el Doctor Fate, el hechicero de DC que, con el tiempo, inspiraría en parte al Doctor Strange de Marvel. Su origen lo remonta a las excavaciones arqueológicas de Babilonia, Ur para ser más concretos, y en sus primeras aventuras, además de unos hombres-pez salidos de Lovecraft, también aparece el dios del inframundo Nergal. Eso da para una versión actual que por desgracia no se ha hecho aún.

 

AM: Tu libro se publica en un momento de saturación superheroica. ¿Por qué debería importarnos ahora el origen del mito y no simplemente su explotación industrial actual?

PAM: Diría que por aquel viejo adagio: “His never-ending battle for Truth, Justice, and the American Way”. Los valores originales de los superhéroes se han desvirtuado, a veces, por completo, durante eras, y hoy vuelven a ser más relevantes que nunca. Conviene conocer sus orígenes para no olvidarse de que, aunque enmascarados y con poderes, los héroes son aquellos que intervienen cuando algo está en peligro, sin pensárselo dos veces. Por desgracia, la cultura popular en su aspecto industrial ha conseguido que los lectores actuales crean, en su conjunto, que con llevar una camiseta del personaje y comprarse el Funko Pop ya lo están “encarnando”. Pero son otras y de mayor calado las lecciones que podemos inferir de los superhéroes de entonces, de ahora y de siempre.

El domingo 7 de junio el autor firmará su libro en la Caseta 343 de Diabolo ediciones entre las 20 y las 21 horas.