
¡VAYA SEMANITA!
7 de julio de 2026 ![]()
JOAQUÍN ALBAICÍN
La semana ha terminado en medio de tempestuosos aplausos, y eso que la empecé de lo más normalito, adquiriendo por dos euros en la librería de lance de Carolina Coronado esquina con la calle Luna el Confieso que he vivido de Neruda, unas memorias bastante ñoñas, si bien contienen los impagables párrafos en que, tras recordar cómo su equipaje fue registrado con ahínco en la aduana india, sin duda por saberle los funcionarios agente soviético, describe el poeta la frialdad y recelo con que fue recibido por Nehru. De mi lectura de aquel ceñudo encuentro ha salido el pandit robustecido y con peso y Neruda con un aire de personaje soso, superficial, rencorosete y algo advenedizo… No conozco su poesía.
Leo después que el exorcista de la Archidiócesis de Washington ha sido destituido de su cargo por haber expresado en un programa de Youtube su convicción de que gran parte de los avistamientos ovni -o casi todos- son en realidad manifestaciones demoníacas. Sorprende el escándalo de la jerarquía católica ante una afirmación así, bastante lógica en una persona de convicciones cristianas, musulmanas, judías… y cuando hay tanta gente a quien nadie despide de su trabajo por afirmar su creencia por completo carente de base en que los platillos volantes son naves tripuladas por habitantes de otros planetas a los que todavía nadie nos ha presentado.
De hecho, son bastantes los ensayistas cristianos -cuando menos, católicos y ortodoxos- que han señalado con cabal tino cómo la casuística del fenómeno ovni reproduce las experiencias y hechos antiguamente atribuidos a las apariciones demoníacas -por no decir que es un simétrico calco de estas- sin dejar de lado ni siquiera los intercambios sexuales de los que antaño se culpabilizaba a íncubos y súcubos y hoy a hombrecillos verdes. El mundo, sí, de los “contactados” por “los extraterrestres”.
De ahí, empezando a arreciar ya el calor pero fiel a Youtube, paso al cine francés. La banalidad con pretensiones intelectuales, chorradas existencialistas que consiguen que, en cuanto a diálogos y guión en general, en poco se diferencie una película seria como El descanso del guerrero -con Brigitte Bardot- de una parodia como La ruta de Corinto -con Jean Seberg- o de La noche americana de Truffaut con Jacqueline Bisset a la cabeza del reparto y a modo de panaché con lo mejor y lo peor de ambos estilos. Me quedo con La ruta de Corinto, que asume sin complejos su condición de coña marinera.
La semana llevaba, pues, un curso corriente, de ni fú ni fá. Pero al final estallan los aplausos en el Congreso de los Diputados en una apoteosis que ni Tania Doris o Norma Duval desplegando todo su plumaje. Salta uno -¿contactado por los extraterrestres?-pegando gritos de que está orgulloso de “ser maricón” -cito literalmente- y, además, “del PP”. Le contesta otro, histérica perdida, que él también está -vuelvo a citar literalmente- “orgulloso de ser maricón”, pero que quien le ha precedido en el uso del alarido es una vergüenza para “el colectivo”, pues vive “en el lado equivocado de la Historia”. Todos los presentes rompen a aplaudir a ambos ignoro bien por qué motivo, si es que están todo orgullosos o contactados o qué. Asistimos, sin duda, a la explícita consolidación en la escena política e institucional del mundo de saunas del que emergió el actual presidente y a una salida general del armario de la copla en vísperas de la llegada de los alienígenas.
Con tanto aplauso me acordé de La Liebre, un bar que había en Madrid al lado de Tirso de Molina y donde se juntaban flamencos a jugar la partida, pero también alabarderos, es decir, la gente de la clá, individuos sin oficio claro a los que los empresarios teatrales regalaban la entrada y hacían un módico regalito pecuniario a cambio de que fuesen a vitorear sí o sí la obra desde el gallinero, antes llamado paraíso. Pero es que ya veníamos de lo de S. S. León XIV, que fue tremendo. Siete minutos de aplauso cerrado dedicó al Papa un Parlamento español cuyos miembros están de pé a pá, tanto en mentalidad como en conducta, en franca oposición a los valores por él predicados. ¡Por no hablar del Gobierno saunista que toma asiento en su banco azul! Pero es que, como tocaba aplaudir, aplaudieron. Y ya está. ¿Que aplaudieron al enemigo? ¿Y qué más da? Si el contrato o el empresario exigen siete minutos… ¡Pues siete! O si no, ¿para que está la clá?
Después de tal despropósito me pareció sano terminar la semana recordando mi noviazgo con Candice Bergen, empezado cuando a mis catorce años la vi en Soldado azul. Un tiempo después conocí a Nastassja Kinski y cambié de novia. Así de sencillo. ¡A esa edad es muy fácil! Pero claro, de esto en el Congreso no creo que entiendan ni que les haya interesado nunca… Y es que, aparte de que ahí tienen otros gustos, en el cine no se cobra por aplaudir.
