TEATRO “LÓPEZ DE AYALA”:  ¡LLEGÓ “EXTREMADURA GITANA!”

TEATRO “LÓPEZ DE AYALA”: ¡LLEGÓ “EXTREMADURA GITANA!”

1 de junio de 2026 0 Por Ángulo_muerto
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JOAQUÍN ALBAICÍN

Cae un sol sin piedad en los alrededores del López de Ayala. Ya camina hacia la taquilla la avanzadilla de la Peña Paco Zambrano de Fuente de Cantos. Llega Juan Antonio Ortiz, bajo el brazo el libro de su padre, Juan Luis Ortiz Arroyo: Poemas con la huella del pasado. Llegan Lalia y Quique. Y Perrete, una de las voces flamencas importantes de Extremadura, calado el sombrero y no sé si recién aterrizado o a punto de partir hacia su compromiso londinense. Llegan Paco y Vicky Lallave, Paulo Molina y La Parreña y la pintora Paloma Albarrán… Echas en falta algunas caras de amigos, pero se ven sustituidas por otras de desconocidos, señal de que merced al boca a boca va el espectáculo echando los dientes y cobrando vida propia más allá del círculo en que se gestó.

Tras su exitoso paso por Cáceres y Mérida recala, en fin el musical Extremadura Gitana en el López de Ayala de Badajoz, parada de estricta observancia para una compañía que, como aquellas pipirijainas circenses con cuya visita soñaban en los pueblos para poder decir que sí, que habían visto un hombre de raza negra o un león, va dejando cosas por el camino para incorporar otras, sin menoscabo de que lo en cierto momento aparcado vuelva en próximas etapas del viaje a subirse al carro de las ilusiones.

Entre las adiciones cabe destacar el virtuosismo y gusto al teclado y al saxo de Rigoberto Mustelier, el eco flamenco e inédito del jovencísimo Manuel Santos, la sabrosa pincelada bailaora de Lorena Quirós -pieza fundamental en la organización del homenaje días atrás tributado en Madrid al gran bailaor Juan Ramírez- o la breve, mas sugerente estampa danzarina protagonizada por las bailaoras del cuadro flamenco de Pilar Andújar, invocadas por la azucarada voz de Nuria Clavería y que nos recuerda gozosamente a aquellas películas de fantasía oriental patentadas por Hollywood con Debra Paget o Yvonne de Carlo a la cabeza. ¿Qué decir de la sorpresa de esos ecos de Nuria Clavería y Remedios Suero anunciando al patio de butacas, desde un palco, su buena nueva cantaora?

Son recursos y efectos que, sobre la marcha, va la intuición dictando a una Salomé Pavón permanentemente iluminada y palpitante de juego creativo puesto al servicio de un colorido y una concepción del ritmo visual que uno no recuerda haber disfrutado antes en producciones flamencas, en el curso de una narrativa en la que incluso la mesa en torno a la que los cantaores se miden por jaleos echa chispas bajo la mirada ceñuda de Morito y Josué Suárez, percusionistas de altísima solera. Y es que una de las virtudes de los cantaores gitanos extremeños es la de que, ignoro la razón, raramente se parecen entre ellos. Ni Tente Saavedra se parece a Daniel Castro, ni José María Cachaba a Alejandro Vega, personalísimos todos además de, este último, referencia ineludible. ¿Y ese sabor que distingue al cante por tangos de Ana Montaño?

En el número instrumental por bulerías cosecharon sendas y cerradas ovaciones la guitarra de Jerónimo Maya y la flauta de Ostalinda Suárez, principales artífices además de la música, con el brillante respaldo y la cabal compenetración de Rosa Escobar a la viola, Esther Rodríguez Viñuelas al clarinete y el chelo del más que jovencísimo Paco Navarro. Y la figura danzarina, de hada Titania de sueño de noche de verano de María Pavón, que clausura con ritmos festeros de hoy un viaje hace tanto comenzado por martinete, pone áureo broche a un musical tan auténtico como cosmopolita y que merecidamente es recibido con admiración y sorpresa, pues no responde a los clichés estéticos que el espectador puede, en buena lógica, esperar de un espectáculo flamenco convencional.

En primorosa labor de orfebrería, Salomé Pavón ha logrado reducir a quintaesencia, a miniatura única y de muchos quilates, nada menos que seiscientos años de historia, tradición musical y sentimiento romaníes y de vinculación de estos a una vegetación, a un barro, a un cielo estrellado: a la Extremadura conocida en caló como Marochandé, la Tierra del Pan. Más allá de sus reconocidas virtudes como cantaora -así en su señorío y peso por siguiriyas como en los aires por bulerías y tangos junto a sus brillantes compañeros- y de los acentos que en ese sentido la distinguen, hay que constatar y poner asimismo de relieve en ella a una urdidora y fabricante de sueños escénicos cuyo impulso visionario justifica cabalmente aquel aserto de que la función debe continuar.

Extremadura Gitana estará en la Bienal de Málaga -aquí con Guadiana como artista invitado- y otras plazas de fuste. Habrá, pues, que seguir dando cuenta de los paraderos e idas y vueltas de esta singular compañía. ¡Les iremos manteniendo al día!