
FRANK G. RUBIO: ACROBACIAS IMPERIALES
25 de octubre de 2026 ![]()
JOAQUÍN ALBAICÍN
Recibo hoy y procedente de la convulsa Francia el vinilo de Victor Novsky, oficial del ejército de S. M. Imperial Nicolás II y con el tiempo, ya en el exilio, músico y empresario de la noche parisina en cuyo cabaret fue rodada la escena de Anastasia en que Yul Brynner y Sonia y Maroussya Dimitrievitch cantan y él toca la guitarra. Incluye la funda unas líneas, claro, de Joseph Kessel, autor de Belle de jour y mecenas de aquellos rusos expatriados, en especial si eran gitanos. Por si fuera poco, este eco de un anteayer mucho más estimulante que el hoy nos llega coincidiendo con el regreso a mis manos, gracias a mi primo José Mari Contreras, de otros vinilos que antaño tuve, pero por esas cosas de la vida dejé de tener: el Inspiración y locura de Pata Negra, el primero de la familia Montoya, el Gitana de Portugal de El Kalifa, el Motivos de Sorderita, el del destete de La Barbería del Sur…
Pero el día ya canta de todas, todas bingo -cuánto tiempo sin ir, por cierto- cuando la cartera nos trae en el apartado libresco de la remesa Metrópolis o la agonía del futuro, la más reciente antología de ensayos compilada para Archivos Vola por Frank G. Rubio. Su título es un poco para la galería o para entendernos, que se dice, pues sé a este escritor de choque tan consciente al menos como yo de que, más que agonizante, el futuro está desde hace tiempo amortizado y superado. Tal que gusta Miguel Brieva de recordar en sus viñetas, el futuro aconteció en la década de 1950 en Estados Unidos y ya ni pinta ni va a pintar nada en la vida de nadie. ¡Hay que centrarse en el presente, que acaba en este mismo milisegundo de convertirse en pasado y, por tanto, en riqueza contante y sonante!
Dentro del mismo sobre que este Metrópolis -que incluye aportaciones de Jesús Palacios o Alberto Ávila Salazar, entre otros- y también por cortesía de Archivos Vola accede asimismo a nuestra morada La casa del acróbata y otros ensayos, este de textos debidos todos a Frank G. Rubio, alguno de ellos en su día difundido en El Estado Mental de Borja Casani. En el dedicado a las profecías de San Malaquías plantea su autor la peliaguda pregunta de si no estará la Iglesia, desde la publicación de las mismas y en lo que a la elección de Pontífices se refiere, tratando de ajustarse lo más posible a sus auspicios. La primera en la frente, sí, pero con su razón de peso. Bástenos recordar el título dado por el Vaticano al documental que produjo sobre la figura de Pío XII: Pastor Angelicus, justo el lema que, en esos vaticinios sobre los que Roma nunca se ha pronunciado de modo oficial, otorgó San Malaquías a Eugenio María Pacelli.
Claro que, en mi humilde opinión, no es a la postre tan relevante si su autor fue el San Malaquías histórico como el dato de que el nombre del firmante proceda de la raíz hebroarábiga malak, cuyo significado es “enviado”, “príncipe”, “ángel”… denotando así que las profecías en cuestión emanan de un heraldo del Cielo, es decir, de un oráculo antes que de un individuo concreto. Pero vamos, lo dejo caer sólo como simple nota a pie.
En La casa del acróbata, el ensayo que bautiza la compilación, su título encubre, en palabras de Frank, una alusión a Wagner para iniciados. Y es que:
-Nietzsche -nos dice- le llamó acróbata, payaso e histrión. Personifica el renacer europeo como farsa. Ahora vivimos con plenitud uno de esos sucedáneos. Como el Eko de nuestra infancia.
El Eko Instant era, aclárese a los profanos en sucedáneos, una especie de antepasado del Cola Cao y el Nesquik. Admito no recordarlo, quizá por estar Eko unos cuantos pueblos más cerca que yo del futuro ya fenecido. De los segundos sí que me acuerdo perfectamente y el Cola Cao, de hecho, sigue presente en mi vida con nada desdeñable frecuencia.
¡A lo que íbamos! Mientras nuestro gato degusta su mousse de salmón, encontramos en La casa del acróbata una muy fundamentada exposición de la tesis que identificaría, aunque todavía en fase Eko, a Europa y, en particular, a la UE –“un lugar mental ideal para la manipulación sistemática mediante la propaganda”– con el Anticristo a partir de las reflexiones de Ortega y Gasset, Juan Larrea, Fukuyama y, en particular, un filósofo marxista, habitante del París en que naciera Victor Novsky y al parecer empleado del KGB: Alexander Kojève (1902-1968), que con su inversión de las tesis de Vladimir Soloviev habría sido poco menos que el padre -sin saberlo él ni nadie- de la UE además de funcionario en el Ministerio de Hacienda -esto sí era público- mientras fue su titular Giscard d´Estaing, quizá porque, en palabras de Gilles Lapouge, tenía “un increíble rostro de funcionario”.
Claro que Kojève -simple nota a pie, y van dos- se ufanaba de haber sido el introductor en la Ecole de Hautes Etudes de la costumbre de fumar en clase, hábito que a mi entender se debería recuperar pero que es una de las bestias negras de la UE, lo que me inclina a poner un tanto en duda su rango de progenitor de la acrobática entidad.
También, aunque sus rostros no siempre lo denoten, funcionarios son -y de correos, un respeto- a fuer de, seguramente, fumadores quienes me traen a casa los libros y discos que encargo o con los que soy agasajado. Yul Brynner, activista contra el tabaco en el crepúsculo de su estancia entre nosotros y compañero de escenario, plató y francachelas de Victor Novsky, otra de las alegrías -ya decía, su disco- de la más reciente arribada postal, ejerció en el circo como acróbata -como otros fueron zapatero antes que fraile- en una línea sensiblemente diferente a la de Wagner, y su película Invitación a un pistolero es una extraña y hoy críptica profecía lanzada desde el Far West almeriense sobre la futura carrera política del Giscard para quien ya trabajaba Kojève, dicho sea lo de futura con la salvedad de que el futuro ya había transcurrido diez años antes y en Estados Unidos y ni Giscard, ni Kojève -quien, como Hegel, creía la Historia llegada a su Fin con la Revolución Francesa- ni nadie podían ya contar con vivirlo.
Estas entregas de correos me pillan, además, volviendo a ver Occupied, excelente serie noruega de espionaje protagonizada por un acróbata de la peor especie, el tal Jesper Berg, primer ministro a rachas que, en su conflicto de intereses -puramente personales- con Rusia y la UE y en un mundo distópico como ese en el que siente vivir Frank G. Rubio, encarna todo cuanto de despreciable y vil hay que anotar a la clase política occidental en particular, es decir, la práctica a destajo y sin fin de marranadas sin la menor relación con el trapecio -consagrado a la elegancia- de Yul. ¡Es cosa de felicitar a la plataforma Arte TV por haberla recuperado en línea y gratis!
Aunque sólo fuera por el elemento chino siempre presente como telón de fondo en sus magnéticas reflexiones, nunca en el universo mental de Frank G. Rubio se pierde de vista a Fu Manchú. En él tanto el Vaticano como la resistencia palestina o la red de alcantarillado y saunas del actual presidente de España serían meras marionetas de brazuelos movidos al compás del titiritero Xi Jinping, limitándose éste, al tiempo, a servir como fachada a una milenaria sociedad secreta. Todo ello, nos parece deducir, se remontaría ya a la escisión de los cármatas -saqueadores de La Meca en 931- sufrida en el siglo IX por los shiítas ismailíes, e incluso a tan remotos tiempos como los de la caída de la Torre de Babel… Esto de Babel ya lo sostuvo ante el tribunal bolchevique de Novossibirsk el Barón Ungern-Sternberg, aunque él era más bien pro chino, dicho sea sin entrar en detalles. Por cierto que no deja Frank G. Rubio de dedicar uno de sus ensayos a la película Almas de metal, en la que los ojos rasgados de su protagonista Yul Brynner -nos sabíamos, sí, bien encaminados- acaso simbolicen la necesidad de no perder nunca de vista el panmongolismo de Soloviev.
También los ensayos agrupados en Metrópolis -haciendo sus autores confluir en sus trasfondos, sin mencionarlos, a Guénon con Sloterdijk- inciden sobre asuntos distópicos sobre el papel -pero tan paradójicamente vigentes- como internet, la inteligencia artificial, el coronavirus, la omnipresencia de las pantallas, el transhumanismo, las políticas de género, el aplauso permanente a la simulación o la desaparición como categorías fácticas del espacio, el tiempo o incluso los hechos en sí (convertidos, como bien señala Jesús Palacios, en “la narrativa”) en una sociedad planetaria donde, al menos en Occidente, la frase inteligente y definitiva por antonomasia es: “Por favor, déjame hablar, porque yo te he dejado hablar a ti en tu turno”… pronunciada en mitad de un guirigay televisivo.
No sabemos si todo esto lo dirigirá entre bambalinas Pekín, pero se antoja bastante obvio que, de ser así, no hay nada que hacer al respecto salvo, quizá, aprender a maniobrar como un buen Holandés Errante `por las oscuras aguas de ese mundo onírico considerado por Baudelaire la peligrosa “aventura siniestra de todas las noches” y tan explotado por Lovecraft, a quien homenajea Frank G. Rubio en otro de sus ensayos. ¡Buena zambullida, amigos!
