
PEPE “HABICHUELA”: OÍDO Y ALMA
6 de agosto de 2026 ![]()
JOAQUÍN ALBAICÍN
Vástago de una raigambre de tocaores de regusto salida de la zona indostánica de Granada y destacada por su depuradísimo oído, su elegancia y su fidelidad a la tradición, ha sido Pepe Habichuela pieza clave de una generación a la que el flamenco actual debe bastante más que la paternidad o la mera sucesión dinástica, que también.
Aparte de formar con Enrique Morente una pareja artística para la historia, acompañó con su toque tanto en privado como en público, en directo o en el vinilo a cantaores tan relevantes y singulares como Manolo Caracol, Camarón, Porrina de Badajoz, Valderrama, Ramón El Portugués, Carmen Linares, Salomé Pavón, Estrella y Kiki Morente, Fosforito, Guadiana, Antonio El Rubio, su sobrino Pepe Luis Carmona, Arcángel, Chorrohumo, José Soto Sorderita o Indio Gitano, conociendo además el éxito como solista con álbumes como A Mandeli o Habichuela en rama, a lo que se suman sus guisos de fusión con Dave Holland, Don Cherry o la Bollywood Strings.
A modo de botón de muestra de que nunca perdió pie en los tiempos que le tocaron en suerte vivir, cabe decir que fue el primero en grabar de los Jóvenes Flamencos de Mario Pacheco, pues pese a ser entonces un hombre ya maduro fue su guitarra la que inauguró el sello y la que de algún modo apadrinó el debut discográfico en él de Ketama, formación personalísima e inolvidable para nosotros en su género.
Más allá de sus cometidos como rostro emblemático de los fastos flamencos de Pamplona o de la lluvia de galardones –Medalla de Oro a las Bellas Artes, Cruz de Alfonso X, Castillete de Oro de La Unión…- que en los años recientes fueron a ley a parar a sus manos, a Pepe lo asocio inevitablemente -como a Ketama– con mis primeras noches de salir yo solo, ya un pelín más que adolescente, por las madrugadas flamencas de la Corte a busca del Duende por ahí por el primer Patas, los jardines del Retiro, la Plaza de Santa Ana o el discretísimo Candela al que ahora resulta que tantísima gente a la que nunca vimos entre sus cuatro paredes iba todas las noches. Pepe sí que estaba siempre. ¡Cliente VIP! Han sido muchos años, en fin, compartiendo mantel, barra, copas, tren, risas, butaca y amigos. Toda mi vida le recordaré en la Cumbre Flamenca de Madrid, a la izquierda de Ramón El Portugués por siguiriyas. Porque dicen que Pepe nos ha dejado, mas lo que yo creo o siento es que nos ha legado muchos recuerdos preciosos y una música que se mete en el alma y siempre permanecerá ahí, en el sitio de las grandes faenas, en la boca de riego donde se pega el muletazo decisivo. ¡No en vano matrimonió con una sobrina del Cagancho que, citando con la pañosa muy abajo, mataba con la suavidad con que él acariciaba la boca y los trastes por soleá!
Querido Pepe, gracias por todo y… ¡ya volverá la vida a juntarnos! Hasta ese día, seguiré -seguiremos- escuchándote.
