
LOS REYES MAGOS, TRAPIELLO, LOS LÓPEZ…
27 de enero de 2026 ![]()
JOAQUÍN ALBAICÍN
En estos días navideños ya pasados y desde antes de que, como es lo normal y lo lógico, el alcalde de Cáceres hiciese entrega a SS. MM. los Reyes Magos de las llaves que les permitieron acceder a todas las casas de la ciudad, me he acordado de cuando, hace ya bastantes años y por andar yo entonces inmerso en la escritura de un ensayo en torno al misterio de los Reyes Magos, reparé en que Rafael Sánchez Mazas había dado una conferencia sobre el asunto, allá por 1956, en la Librería Afrodisio Aguado, desaparecida largo ha, y me decidí a escribir a su hijo, Rafael Sánchez Ferlosio, interesándome por si entre los papeles de su padre se habría conservado el texto de aquella charla, de la que sólo conocía los extractos citados por la prensa de la época. Rafael Sánchez Ferlosio no me respondió, pero hace no mucho me enteré de que donó aquella misiva mía a la Biblioteca Nacional, consciente sin duda de la trascendencia histórica que suponía recibir correspondencia mía.
A tenor de lo que sé, creo que Sánchez padre, es decir, Sánchez Mazas no comprendió bien el peso simbólico subyacente en las figuras de Melchor, Gaspar y Baltasar. De ahí quizá que, optando por un tono historicista y deslizando su oratoria por recovecos siderales, titulase su alocución La astronomía de los Reyes Magos. Debía de tratarse de un campo más familiar para él, pues está claro que José Antonio Primo de Rivera no hubiera recabado la colaboración para la composición de la letra del Cara al sol de alguien que no estuviese tan versado en dicha ciencia como, al menos, Agustín de Foxá o Dionisio Ridruejo. ¿Acaso no es el sol el astro rey?
Puesto a evocar, ha vuelto también a mi mente una anciana que con mucha frecuencia se nos aparecía, como una especie de hada, a quienes guardábamos cola ante la taquilla en los cines de Madrid -la última vez que la vi fue en el Paz de la calle Fuencarral- vendiendo unos papelitos doblados que ofrecía:
-¡Chistes de amor, cinco duros!
Y abrías el papelito y podías leer el chiste escrito por ella a mano y con caligrafía de médico. Algo parecido daban como obsequio a los clientes junto al rollito de primavera y en aquellos tiempos -no sé si también ahora- en los restaurantes chinos.
Debo decir que asimismo se ha acordado de aquella buena señora o hada Andrés Trapiello, que la menciona en Próspero viento, su nuevo título con La Esfera de los Libros. Quizá haya sido también la lectura del mismo el motivo de retrotraer mi atención hacia aquella charla de Sánchez Mazas, a quien Trapiello se refiere bastante en sus páginas en calidad de protagonista de la novela de Cercas. Próspero viento es un amenísimo popurrí de reflexiones en torno a la guerra civil no superada por la izquierda, a la batalla cultural desatada en torno a las miserias de aquel conflicto, a las vinculaciones y simpatías políticas -no sólo de juventud- del autor y, como en sus diarios de pasos perdidos, un repaso a ambientes y salones sobre los que, por haber conocido a mucha de la gente que pisaba y pisa sus alfombras, me agrada leer.
Por mi parte, he consagrado algunos de los últimos días del año a releer La paz empieza nunca de Emilio Romero, el ejemplar que, en su casa y hace tantos años, de su puño y letra me dedicó: “Con el deseo de la ilusión de López, y no de su decepción”... Salvo por algunos detalles, su lectura se me antoja -sospecho que también a Trapiello- altamente recomendable para todo aquel deseoso de formarse una idea cabal de qué fueron la República y el franquismo. Y me sorprende que esta novela no sólo fuese premiada, sino incluso publicada -sólo un año después, por cierto, de pronunciar Sánchez Mazas su epifánica alocución- en aquel 1957 en el que, según se se asevera, la represión y la censura campaban por sus fueros y aún coleaban por los montes los maquis.
Hoy, a Dios gracias, por los montes sólo rondan quienes, ajenos al mundo posterior a las revoluciones y desnudos de sus falsos fastos, viajamos en sueños en noches de corazonadas, acariciados nuestros cabellos por brisas prósperas y dadivosas en anhelos de seguir a la Estrella de Oriente y de que nos transporten, como sobre una alfombra mágica, hasta los lechos y fontanas que sea menester.
Celebrar la Navidad degustando mazapanes en el San Petersburgo de las fiestas zíngaras de Rasputín, Robert Bruce Lockhart y Moura Budberg. Esa es mi ilusión de López, una meta que, no como la de él, se revela inmarchitable. Y lo siento mucho por todos los López. No es mi culpa que ellos, en ese sentido, no se pongan las pilas.


