AL OESTE DE NUESTRA INFANCIA

AL OESTE DE NUESTRA INFANCIA

5 de julio de 2025 0 Por Ángulo_muerto
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JOAQUÍN ALBAICÍN

Incumbe a cada uno el cumplimiento de la misión de ser fiel a su infancia. Suponiendo que la haya conocido, claro, pues muchos hay a quienes se la arrebatan y, a menudo, del más terrible modo. Ese uno con infancia que añorar ha de guardar fidelidad, en mi caso, a los veraneos en San Rafael, El Espinar, la Playa de San Juan o El Puerto de Santa María, acordarse de cuando en todos los destinos estivales de costa las calles eran una exhibición incesante -nocturna y diurna- de discos y libros, aquella incesante riada de títulos de Sven Hassel, Harold Robbins, Los 7 Secretos, Agatha Christie, Frederick Forsyth… ¡Encomiable misión! Esa de no olvidarse de Joyas Literarias Juveniles, de Astérix, del teniente Blueberry ni de la revista Trinca. La de ser fiel, sí, a la tele en blanco y negro que echaba películas de la RKO, al ciclo de John Ford, al de Lang, a la legión invencible de Nathan Brittle, a Gigante inspirando el coloquio de La Clave de Balbín, al Un, dos, tres y a Bonanza. A los quioscos con novelas de pistoleros, indios y sudistas de Marcial Lafuente Estefanía.

Por eso, por lealtad, por coherencia vital, por guardar ausencias a mi infancia, he leído Historia de valientes de Vardis Fisher, novela con la que la colección Frontera de Valdemar alcanza su volumen trigésimo primero. En concreto porque aún recuerdo una serie de tebeos que seguía con entusiasmo, Historia del Oeste. Las portadas eran preciosas. Me gustaba en especial la del indio con corte de pelo a lo mohicano que ilustraba el número titulado Primeras colonizaciones. Ruta Lewis Clark. Y a eso se consagró en Historia de valientes Vardis Fisher, a novelar la peripecia de Lewis y Clark. ¿Es un Western? ¿No es un Western? ¿Se habían ya congregado en la Louisiana de la época todos los iconos que definen al género? ¿Teníamos ya, ahí y en aquel entonces y juntos, todos los ingredientes imprescindibles que dieciséis décadas después harían posible el rodaje de películas del Oeste en Almería? A mí no me pregunten, pues esto es algo sobre lo que nos ilustra con la solvencia de siempre Alfredo Lara, director de la colección, en su estudio introductorio a la novela.

¿Por qué hemos de ser ser fieles a nuestros verdes años y hay que leer esta novela? Pues para que tu vida tenga un porqué, más allá de la condición cierta de la niñez como remedo o metáfora de ese Paraíso al otro lado del espejo, del que salimos y al que hemos de regresar. Para que no se quede en eso, en sólo una metáfora, sino que tome cuerpo en algo palpable y susceptible de degustación.

Porque mientras siga resonando en nuestros oídos el batir de los cascos sin herrar de los caballos comanches, mientras recordemos en qué lugar del pinar se alza aquel árbol en que una tarde nos fijamos especialmente y mientras sólo usemos para corregir gomas de borrar de la marca Milan y pintemos sólo con ceras Manley, seguiremos de algún modo siendo niños. Uno ha de permanecer fiel a su infancia para, como pedía otro Lewis -C. S.- no americano, pero sí -como su compañero Clark- explorador, aunque de territorios orográficos y psíquicos diferentes, poder un día volver a leer cuentos de hadas. ¿Mi consejo? ¡No lo posterguemos por mucho tiempo!