
UN NOTARIO GRANADINO EN ÁFRICA
24 de julio de 2025 ![]()
JOAQUÍN ALBAICÍN
Algunos amigos míos empezaron ya hace años a cultivar una para mí incomprensible o, al menos, enigmática veneración hacia la figura del difunto Antonio García Trevijano en calidad de pensador y líder configurador de una presunta, nada bien definida y más que brumosa alternativa “al Sistema”. Yo, en cambio, siempre percibí al personaje en cuestión como un aventurero navegante por aguas oscuras cuyas críticas a dicho “Sistema” -ayer el franquismo, la democracia setentayochista hoy- se cimentaban, fundamentalmente, en su contrariedad y chasco por, en la Transición, haberse visto excluido en el reparto de la tarta de fresas del poder.
Una exclusión diríase que muy sensata teniendo en cuenta que García Trevijano -“rebelde” cofundador de El País– había sido el educador y dedicado instructor de Macías, el sanguinario dictador de Guinea Ecuatorial entonces en su gran momento como psicópata y homicida en ejercicio. Nada más tomar el poder, Macías se ocupó, como está mandado, de sus tres más aparentes rivales políticos. A uno lo encarceló, torturó y “suicidó”. A otro lo arrojó por una ventana y, descalabrado como estaba, lo hizo apalear allí mismo antes de encerrarle y someterle a tortura, no sabiéndose nunca nada más de él. Al tercero lo enchironó durante cuatro meses antes de mandarlo ejecutar sin juicio.
Antonio García Trevijano ya era en aquel entonces y desde antes del ascenso al cargo de Macías, recuerda Antonio Caño, “el principal asesor político del presidente, escribía sus discursos, organizaba su agenda, redactaba las leyes, resolvía los problemas cotidianos y marcaba las líneas generales por las que debía transitar el régimen”. Añádase su papel como redactor de los estatutos del PUNT (Partido Único Nacional de los Trabajadores) y fundador del único banco en funcionamiento en la ex colonia ya mutada en experimento distópico. Porque la Guinea de Macías y Trevijano -o de Trevijano y Macías- no tenía, sobre el terreno, ni remota relación con aquel Reino de Melchor, Gaspar y Baltasar homenajeado en sus sellos de correos cuando Río Muni y Fernando Poo eran aún, más o menos, provincias españolas.
Otro contratiempo institucional que en la Guinea independiente debió afianzar aún más si cabe aquella futura “oposición al Sistema” de Trevijano fue el hecho de, en cierto momento, verse de repente sustituido como cabeza del mencionado banco nada menos que por otro tan notorio “opositor al Sistema” como Francisco Paesa, lo que da una idea acerca de qué clase de “banco” había puesto en marcha en aquel país donde el dinero del erario público se guardaba en el domicilio familiar del presidente, los reos de muerte eran apiolados sin proceso ni condena por el método de destrozarles la cabeza con barras de hierro y las mujeres de los imaginarios conspiradores contra el Amado Líder eran violadas en público, en grupo y hasta la muerte por las juventudes del partido único. Todo esto dice bastante acerca de en qué consistían la rehala de talentos y los ínsitos valores humanistas que inspiraban al notario granadino, como Caño se refiere a él de continuo en su biografía de Macías –El monstruo español. Francisco Macías y el fin de la aventura colonial en Guinea– recientemente lanzada por La Esfera de los Libros. Detrás de los cristales de sus gafas de pasta parpadeaba un pillo de cuidado y a buen seguro que con las espaldas bien guardadas.
García Trevijano fue también, en 1973 y coincidiendo con la orden expresa dada por una España que, desde el principio, optó por mirar hacia otro lado, de que los medios de comunicación considerasen Guinea Ecuatorial como “materia reservada” sobre la que no estaba permitido informar… Fue también Trevijano, decíamos, el cerebro y la mano que, al derogar en aquel año Macias la Constitución democrática, elaboró la nueva norma legal que convertía el joven país africano en propiedad privada de un psicópata que sólo podía medio mantener a flote su finca a base de asesinatos, torturas, aburridos instructores militares soviéticos y médicos cubanos.
Dadas las insólitas características del régimen de Macías -un admirador africano de Hitler con un español opositor democrático al franquismo como tutor y cerebro gris-, que convirtieron Guinea Ecuatorial en un delirante modelo de nación fake new, cabe inferir que esta es la fórmula mágica: paleto africano más notario granadino igual a terror al cuadrado.
Está claro: nada como un notario de Granada para llevar a buen puerto un proceso de descolonización a gusto del independentista local con aspiraciones de tirano. Ahora, visto desde la distancia, ¡qué maravilla hubiese resultado el experimento de haberse podido contar con unos cuantos futuros dirigentes del PSOE! ¡Qué pena que no siempre se combinen del todo los naipes!



muy bueno primo enhorabuena.
un fuerte abrazo .
Un abrazo, primo Federico.