
EL ANOCHECER DE EUROPA
9 de marzo de 2026 ![]()
Por Frank G. Rubio.
Entrevista a J.L.Aulet.
José Luís Aulet, doctor en Derecho, magistrado, marino y políglota, es autor de varios libros, entre otros: La embajada española ante los papas (2022) y El búho de Minerva (2025)
Y es con motivo de la publicación de esta última obra, un monumental ensayo producto de años de trabajo donde ha puesto en juego sus vivencias en varios continentes y sus saberes, por lo que le entrevistamos en Ángulo Muerto.
“Europa, poseedora de una de las historias más ricas y asombrosas de la Tierra, vive bajo la creencia de que debe relativizarla o -peor aún- debe disolverse en otras culturas y experiencias. El insistente adoctrinamiento en creencias debilitantes, y la amenaza de masas del Tercer Mundo -poseedoras de lo que siempre se han denominado virtudes viriles- han generado una creciente incredulidad en nuestras propias fuerzas y una aceptación acrítica de las demás culturas, que amenazan con derribarnos. Europa y España tienen que defenderse de las fuerzas extrañas que intentan diluirlas, y muy en especial de las que tenemos aquí mismo dentro, como caballos de Troya persistentes. Este libro es un paso en esa defensa que comienza por la toma de conciencia de lo que hay, y se detiene en amplias consideraciones sobre los poderes que nos están sometiendo, sobre la naturaleza de unas élites políticas que degradan la palabra élite, y sobre las cuestiones profundas que plantea la inmigración, en especial la islámica.”
AM: ¿Sobrevivirá Europa a los graves retos que afronta en la actualidad o es ya el momento de lamentar su final?
JLA: Es muy arriesgado vaticinar el futuro. Hace tan solo treinta años los comentaristas políticos no imaginaban casi ninguno de los grandes temas que hoy se nos plantean. Pero si no podemos estar seguros de que se acerca el final de la civilización europea, creo que está más que justificada una gran inquietud. Hace ya tiempo que varios indicadores así lo vienen manifestando: la bajísima natalidad propia, el auge de ideas disolventes… Lo europeo ha perdido protagonismo hasta en la propia Europa. Hasta en el terreno de lo simbólico estamos acudiendo a referencias extrañas: ¿sabe que la bandera de la Unión Europea es la “Betsy Rose” norteamericana? ¿no encontraron nuestros fundadores entre la riquísima simbología europea algo más definitorio que eso? Esta falta de originalidad, y no la bandera, es significativa.

AM: Lo español sin duda vive también momentos de aguda problematicidad, aunque hemos salido de cosas mucho peores en diversos momentos del pasado. Eso sí, “agarrando y atándose los machos”…
JLA: Uno de los problemas más agudos que ha venido teniendo España desde mediados del XIX es la división interna entre regiones, que ya venía de antes pero que se ha ido exacerbando últimamente y que se ve favorecida por el sistema electoral. Quizás se solucione por alguna de estas dos vías: una, el hartazgo –la saturación– que producen los localismos; la otra es la pérdida de identidad de los dos territorios más señalados: las Provincias Vascongadas y, sobre todo, Cataluña, a manos de la inmigración. Pero lo veo difícil. Falta una socialización en unos valores compartidos suficientemente fuertes, una idea sugestiva de España, como diría Ortega. Y esto no se está buscando a ningún nivel desde la escuela primaria hasta la universidad, y ya no digamos en los medios de comunicación. Son escasos los rebeldes capaces de enfrentarse con lo que hay. Basta ver lo que domina el pensamiento universitario, los premios literarios o periodísticos, la producción televisiva… Es verdad que se está manifestando un cierto hartazgo de tanta vulgaridad, plebeyez, corrupción y mentira –en realidad, las cuatro son lo mismo a efectos prácticos–, pero insisto en que domina un pensamiento que, por estúpido y nefasto que sea, está ahí, cómodamente asentado en nuestro país, yo diría que arraigado: me temo que forma parte ya de nuestro ethos.
AM: Un problema muy importante es el choque de civilización con el islam. Usted ha escrito que Europa no es África, ni es Oriente, y la cultura islámica no la ha configurado, no está en nuestras raíces…
JLA: Esto es lo que afirmaba Henri Pirenne hace cien años, pero hay muchos pseudointelectuales que niegan la contraposición fundamental entre el mundo musulmán –Dar el islam– y Europa. Nada sorprendentemente, les apoya una Unión Europea que ha perdido –o abandonado– el norte y dedica fondos sustanciales ¡para buscar las raíces islámicas de nuestro continente!. Hoy es bien conocido el libro de Samuel Huntington Choque de civilizaciones, pero el problema es muy viejo, ya formulado por santo Tomás de Aquino en su Summa Contra Gentiles, y hablamos del siglo XIII… Parece que los neoyorquinos que han elegido a Zohran Mamdani como alcalde se han olvidado de las Torres Gemelas y desconocen que el teórico de la imposición del califato universal, Edward Said, fue su maestro a través de un intermediario, Tariq al-Ramadan. En España, donde gran parte de su población tiene una notable vocación tercermundista, no escasean las muestras de simpatía por lo musulmán, simpatía que nace de un ejercicio de simplificación extraordinario. A menudo se plantea, por ejemplo, la guerra entre Israel y los palestinos liderados por Hamás como un abuso del rico contra el pobre, sin pararse a pensar que las cosas no son así de simples en absoluto, que los judíos se juegan su supervivencia física y los palestinos –por inspiración fundamental de gran muftí de Jerusalén, el pronazi Amin al-Hussayni– convirtieron lo que debía ser una cuestión territorial en una cuestión religiosa (¡con la Iglesia hemos topado!), lo que hace inviable todo acuerdo. Pero sigue prevaleciendo el tópico: el rico que abusa del pobre, sin más.
AM: Israel es el “hombre sano de Europa” pero Europa no le soporta. Israel confronta sin complejos al islam.
JLA: Esto enlaza con lo que decía. Un sector de la opinión pública europea no es capaz de ver la complejidad del asunto. Es cautiva de la idea de que las terribles violencias desarrolladas en el seno del islam derivan de la situación injusta de los palestinos. Pero nada tiene que ver ese asunto con las violencias –terroríficas- de la conquista islámica de la India hace siglos (los especialistas hablan de cientos de millones de hindúes masacrados). No se piensa en la persecución musulmana contra los cristianos sudaneses y nigerianos de hoy mismo, con miles de muertos. Los judíos, que vienen habitando la zona de Jerusalén desde hace milenios sin solución de continuidad (incluso después de la destrucción de la ciudad y el templo, siguieron habitándola por miles, como se sabe indubitablemente), y conocen perfectamente el islam (piénsese que, además, los judíos de origen ibérico, los sefarditas, vivieron durante siglos en ciudades del norte de África y Próximo Oriente dominadas por el imperio turco), y sufrieron todo tipo de discriminaciones y persecuciones, lo que les ha librado de complejos, frente a un mundo cristiano cargado del sentimiento de culpabilidad que nos es propio y que tan claramente supo denunciar Nietzsche.
AM: La auto-expropiación de Europa está ligada, ya lo señalaba don Luis Díaz del Corral, al anticapitalismo, anti imperialismo y anti europeísmo del marxismo leninismo soviético… Hoy eso se repite, caído el Muro, desde la frecuencia modulada “woke” emitida por las universidades norteamericanas.
JLA:Toda variedad de marxismo es en su esencia internacionalista, pero así como los bolcheviques rusos –muy notoriamente, en tiempos de Stalin– acudieron al nacionalismo, la decadencia del pensamiento comunista –yo diría en realidad, perversión– que es el movimiento Woke, ha acentuado ese espíritu internacional hasta desnaturalizarlo. Sus seguidores no son en realidad internacionalistas ni multirracialistas: si por ellos fuera, cancelarían a Occidente, y en especial al varón burgés, blanco y heterosexual.
AM: La desvinculación del pasado que nos aflige como españoles y europeos nos somete a un presente mortecino que la política, sustitutiva de la religión, nos impone en lo cotidiano con una cegadora sordidez. En Europa hay, en su raíz, ausencia de un imperialismo unitario.
JLA: Con un mosaico de pueblos tan complejo, es difícil crear o recuperar un ideal unificador como lo fue durante más de un milenio el Cristianismo, que además se encuentra en tan grave crisis que algunos pensadores ya hablan de su desaparición en nuestro continente. En su lugar, se recurre a conceptos líquidos, incapaces de forjar adhesiones verdaderamente firmes, tales como el patriotismo constitucional. O se cree en la simple cohesión que darían los intereses económicos comunes. Pero en el caso europeo, los intereses económicos no se perciben como europeos, sino de algunos pocos, en concreto de los industriales alemanes. De ahí el desastre de la política agraria común, que parece pensada para arruinar al sector primario a cambio de que algunos países del Tercer Mundo -caso notable, Marruecos- adquieran coches alemanes.

AM: La singularidad de la pluralidad nacional europea, la Europa de las Cinco Naciones, se impuso al ideal revolucionario francés y al proyecto hitleriano, que solo en apariencia fue un nacionalismo alemán extremo.
JLA:Para el profesor Luis Suárez, Inglaterra, Francia, Alemania, España e Italia fueron las naciones que forjaron Europa. Yo no estaría tan seguro de excluir a los Países Bajos. Piénsese en la importancia cultural de estos durante los siglos XV al XVII, y que en este último Ámsterdam fue el centro financiero del mundo. Todos ellos tenían demasiada personalidad y medios como para que ninguno se impusiera de forma tan definitiva como para forjar en su torno una Europa unida. Lo intentó Hitler, cuyo proyecto era europeísta hespérico -si usamos el término de Heidegger- es decir, de la Europa más occidental y norteña, en la que la preeminencia correspondería a Alemania, unida por fuertes lazos a los que consideraba los mejores integrantes de la raza aria: los escandinavos y los holandeses, y manteniéndose en un cierto equilibrio con Inglaterra. El resto quedaría en una situación claramente dependiente.
AM: La Gran Guerra fue el comienzo del fin para Europa…
JLA: No cabe duda. Hasta entonces, los países de la Europa Occidental eran los más poderosos cultural, económica, militar y diplomáticamente. La Gran Guerra, como entonces se llamaba a la Primera Guerra Mundial, dejó en 1919 una Europa destrozada, y no solo materialmente: para Rabindranath Tagore nuestro continente perdió por completo todo el ascendente moral que hasta entonces había tenido sobre el resto de los pueblos de la Tierra. Ya no sería nunca más el ejemplo de una cultura elevada, el continente a imitar en tantos órdenes de la vida… Luego vino como remache la Segunda Guerra Mundial, cuando Europa se entregó ya definitivamente a los americanos, que lideraron la guerra fría frente al bloque comunista. Entonces China era un gigante dormido, pero se ha despertado. Aquella guerra fría despareció, pero ahora tenemos otra frente al gigante asiático. Tecnológicamente, China ha sido una de las más grandes potencias del mundo desde la Antigüedad, y parece que se está recuperando. Frente a ello, en Europa nos preocupamos en enseñar otras cosas a los muchachos, cosas que a menudo no carecen de importancia pero que dudo que puedan prepararlos para lo que facilmente es adivinable como futuro.
AM: La hegemonía mundial norteamericana y la cultura de masas audiovisual… y sin embargo es un vicepresidente norteamericano quien recuerda públicamente a Europa su decadencia… La cultura de masas está embridada por las culturas nacionales, y la española es desde hace unos años especialmente deleznable desde el punto de vista estético.
JLA: Sí. Hace unos meses, el Secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, pronunció un importante discurso en Munich. Mencionó la cultura occidental como la común a Europa y Norteamérica, pero fue un lapsus –quizás intencionado–… La cultura de los europeos siempre fue la europea: tras la Primera Guerra Mundial se fue imponiendo la norteamericana, a la que el presidente Wilson llamó intencionadamente cultura occidental (por el continente más occidental, América). Es la cultura materialista, tecnocrática y de masas por excelencia. Lo que autores como Robert Aron y Arnaud Dandieu llamaron ya hace mucho Le cancer américain… España, como en el sur de Italia o en Grecia, la pérdida de nuestra personalidad es especialmente agudo. Son los países con más Macdonalds, Burger Kings o Starbucks del continente, a un nivel como los caribeños… En otros sitios de Europa a estos establecimientos se les considera lugares populares, o de un tentempié rápido; aquí, sin embargo, hasta se consideran sitios refinados por algunos hijos de la burguesía tradicional y acomodada. En otro plano de cosas, es vergonzoso que Rubio nos tuviera que recordar cosas elementales como los peligros de cierta clase de globalismo, de la pérdida de identidad, de la deslocalización industrial, de la dependencia exterior en productos estratégicos como la alimentación o la energía. Pero, claro, la gente común no suele apreciar estos peligros porque solo se fija en uno o dos indicadores, tales como el bienestar económico del momento, sin pararse más allá. El sermón de Marco Rubio en Munich (porque fue un sermón) nos hace patente el dato de que Europa está pasando a un segundo plano en el orden internacional, por no decir a un tercero.
AM: Las iglesias cristianas decaen de manera acelerada, pero el Vaticano desde los años 60 se lanza a una política que ha convergido finalmente en un apoyo al régimen chino y una clara hostilidad a los Estados Unidos ¿Sigue esto teniendo que ver con la élite jesuítica?
JLA: La decadencia es innegable, y aunque yo creo que sustancialmente se debe a la propia evolución de la modernidad, el Concilio Vaticano II, temeroso del marxismo que tanto parecía triunfar entonces, intentó una aproximación que hoy se ve por muchos como disparatada. Por ejemplo, mezcló –creo que excesivamente– lo terrenal con lo espiritual como en el caso de la Teología de la Liberación, o destruyó lo misterioso, lo elevado, lo estético que había en el rito tradicional, para sustituirlo por otra cosa. Creo que para una persona religiosa cualquier lugar y cualquier forma le sirven para su percepción de lo divino, pero claro, no es lo mismo escuchar una pieza de César Franck interpretada al órgano en la maravillosa iglesia de Santa Clotilde, en París, que oír una guitarra mal tocada y peor cantada en un garaje convertido en templo. Todo esto algo tendrá que ver con la élite jesuítica -máximo exponente de la decadencia intelectual del Catolicismo- que consiguió elevar al pontificado a uno de los suyos, el papa Francisco.

AM: Sociedades secretas y sociedades esotéricas en el alumbramiento y modulación del ideal europeo y su transcripción actual. El caso de las masonerías.
JLA: Sin duda que en esos foros de poder y reflexión –sin la cual no existe poder– desde épocas muy tempranas se propusieron fórmulas, estrategias y modelos de unión entre los pueblos de Europa, más específicamente sobre los pueblos occidentales. Pero donde se explicita de forma moderna la idea de Europa como superación de las naciones tradicionales que la han venido componiendo, es en la obra de Coudenhove-Kalergi, entre los años veinte y cuarenta del siglo pasado. Este era masón –su logia era la Humanitas, de Viena, y estuvo apoyado por un número de estas. Al defender vehementemente a los judíos y entender el europeísmo como una especie de cosmopolitismo en que cabían todas las razas, hay gente que le considera integrante de la gran conspiración judeo-masónica que está de moda en muchos círculos en la actualidad.
AM: -La unificación europea como falso remedio y estertor civilizatorio: una “lucubratio ebria”.
JLA: -Efectivamente. Ya lo expuso Toynbee: nada hay más revelador de la decadencia de una civilización que el pase a la defensiva. Cuando –como es el caso de la UE– se fuerza esta unión desde su mismo inicio –¡no os podéis quedar fuera y solos!, se nos decía– y luego los ciudadanos descubren que se nos quiere someter a una torpe, carísima, burocratizada e ineficaz superestructura que obedece fundamentalmente a los intereses de Alemania, la unidad no cumple las funciones elementales que pudieran ilusionar a los pueblos que la integran. ¿Ha observado Vd. que la UE haya promovido ideales, dado lecciones auténticas de dignidad, de moral alguna?… Bueno… sí: ha condenado a los pueblos que quieren pensar por sí mismos, y ha establecido un Tribunal de Derechos Humanos que solo responde a las nociones jurídicas más trasnochadas del hipergarantismo, es decir, aquellas que se basan en la mentalidad más fieramente burocratizante que se pueda pensar y por lo tanto alejada del sentir de justicia de los ciudadanos del común. El futuro se presiente negro. De hecho, el ahora ya lo es.
BIBLIOGRAFÍA ESENCIAL RECOMENDADA
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Tariq Alí, Conversaciones don Edward Said.
José Luis Aulet, El búho de Minerva, Un ensayo en el anochecer de Europa.
Jacques Barzun, Del amanecer a la decadencia.
Alain de Benoist et al., Manifiesto por un renacimiento europeo.
Morris Berman, El crepúsculo de la cultura americana.
James Carroll, La casa de la guerra.
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Josep Fradera, La nación imperial.
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Ignacio Gutiérrez de Terán, en Activismo político y religioso en el mundo islámico.
Alberto G. Ibáñez, La guerra cultural.
Tony Judt, Algo va mal.
Juan Antonio Llopart, Contra Yanquilandia.
Guillermo Mas Arellano, La traición de los europeos.
Douglas Murray, La extraña muerte de Europa.
Antonio Pérez Henares, Tiempo de hormigas.
Régine Pernoud, Para acabar con la Edad Media.
Fazlur Rahman, Islam & Modernity.
David Runciman, Así termina la democracia.
Edward Said, Orientalismo.
Claudio Sánchez Albornoz, De la Andalucía islámica a la de hoy.
Robert Spencer, Guía políticamente incorrecta del islam.
David Waynes, Activismo político y religioso en el mundo islámico.
Fareed Zakaria, The Future of Freedom.
Howard Zinn, La otra historia de los Estados Unidos.


