PELÍCULAS QUE PASAN DESAPERCIBIDAS CON PENA Y CUYA GLORIA SE LLEVAN LOS TRUÑOS DE MODA

PELÍCULAS QUE PASAN DESAPERCIBIDAS CON PENA Y CUYA GLORIA SE LLEVAN LOS TRUÑOS DE MODA

7 de febrero de 2025 0 Por Ángulo_muerto
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Jesús Palacios

LE VOURDALAK

Por si a alguien le interesa, la verdadera pequeña gran película de vampiros de autor del año pasado, muy superior al «Nosferatu» de Eggers gracias tanto a su sentido del humor, como a su atrevimiento y estilo, no es otra que «Le Vourdalak» (2023) del francés Adrien Beau, que pudo verse en Sitges y ahora está en la plataforma Shudder. Sus homenajes e influencias (Svankmajer, Murnau, Has, Rollin, Juraj Herz, Borowczyk…) están interiorizados y asumidos sin hacer gratuito alarde de los mismos, y toda la gracia, el erotismo y la sofisticación de las que carece el film de Eggers atraviesan alegremente el de Adrien Beau. El culpable del nuevo y terrible, que no terrorífico, «Nosferatu» debería preguntarse cómo es posible que un vampiro interpretado por una marioneta resulte mucho más inquietante, fascinante y hasta mejor actor que su Orlok, encarnado (es un decir) por un tristemente desaprovechado Bill Skargard. Aquí nos encontramos con una delicia que adapta con notable fidelidad y giros inteligentes el clásico de Aleksey Tolstoi, no «una leyenda más vieja que Drácula» como reza la publicidad promocional, aunque la base de la novela corta del autor ruso sea legendaria. Si algo detesto de la publicidad actual es lo ágrafa e inculta que es y cómo presume que el resto de espectadores también hemos de serlo por fuerza.

DARK MATCH

¿Satanismo y lucha libre? ¿Snuff movies y América profunda? ¿Hostias como panes y sacrificios humanos? ¿Últimos años ochenta y sectas diabólicas? ¿Qué puede salir mal? Pues nada. «Dark Match» (2024), del hombre que nos trajo la saga de Wolfcop, Lowell Dean, es un perfecto ejemplo de puro cine de barrio, programa doble y videoclub. Eso que ahora los gafapasta llaman «grindhouse» porque se lo dijo Tarantino, un pollavieja que no para de quejarse de que ya no se hacen películas como las de antes (o sea: que él ya no puede o no quiere hacer películas como las que hacía antes… ). ¡Mentira! Puede que «Dark Match» no aporte nada especialmente novedoso y sólo eleve al espectador a tortazo limpio, con mucha y buena sangre de la de siempre y una estupenda fotografía psicodélica, oscura y al tiempo colorista, cortesía de Karim Hussain. Pero seamos justos, ¿quién quiere reflexiones profundas, meditaciones ingeniosas, dramas familiares, estremecedores enigmas y empatía cuando puede tener luchadores enmascarados, una negraza como un castillo, espléndida Ayisha Issa, experta en artes marciales de las de verdad, soltando estopa, personajes mezquinos como el que interpreta el habitual del director Michael Eklund y maduros actores de carácter (o sea: de mal carácter) como Steven Ogg o Chris Jericho, perfecto villano de la función? Vosotros iros a ver «Presence», que yo me quedo en el sofá con el mayor combate de pressing catch jamás filmado, cortesía de Shudder, la madre del desmadre Serie B del nuevo milenio. Y eso, sin hablar del diabólico giro final. Canuxploitation para el siglo XXI. El diablo está de nuestra parte.