
LA VIDA BRUJA
4 de junio de 2025 ![]()
Alberto Ávila Salazar
(Sobre Naufragio del recuerdo, de Julia Outón)
La magia ritual ha estado siempre plagada de personalidades pintorescas y extrañas. Para el común de los mortales, educado —algunos dirán programado— en un racionalismo más o menos laxo, las cosas relacionadas con la brujería tienen un mero interés folclórico y son apartadas como meras supersticiones. Habría mucho que contar sobre este asunto, ya que la magia en realidad nada tiene de disciplina desterrada en nuestro tramposo mundo de pantallas táctiles, redes tecnológicas e inteligencias artificiales. A pesar de que el tema es interesante, no quiero apartarme del asunto que me ocupa, que no es otro que el libro Naufragio del recuerdo (Mandala ediciones, 2025), obra firmada bajo el seudónimo —o nombre de guerra— de Julia Outón. La obra se presenta a sí misma como una pieza de “neorrealismo mágico” y en realidad se trata de una autobiografía ocultista, un género extraño pero valioso, que no se ha prodigado demasiado en nuestra literatura, que siempre ha brillado con lazarillos y garrotazos. A pesar de todo, este Naufragio mágico responde a una tradición española en la que la protagonista no tiene el menor reparo a la hora de presentarse como un muñeco de feria y recibir los perdigonazos de la vida.
Cuando pensamos en autobiografías esotéricas nos viene a la mente libros como las desmesuradas Confesiones de Aleister Crowley (Valdemar, 2018); las obras en las que Dion Fortune revelaba su vida, La sacerdotisa del mar (Luis Cárcamo, 1982) y Magia lunar (Equipo difusor del libro, 2008); el más reciente Atargatis (Aurora Dorada, 20202) o en la clásica y sospechosa saga firmada por Carlos Castaneda sobre su chamánica relación con el brujo don Juan Matus (Las enseñanzas de don Juan, Fondo de Cultura Económica, 2013).
Julia Outón se desmarca de estas referencias y nos ofrece una historia desprovista de pompa o de mensajes trascendentes. La autora se aferra a la magia desde niña y su trato con ella no suele ser grato, confiesa al poco de empezar su relato: “No todos los trabajos mágicos que realizo tienen efectos. De lo contrario mi vida hubiera sido otra… pero lo que más me gusta de ellos es que eres el director y el actor de una obra de teatro” (pág. 42). Más adelante hace un edificante resumen de una breve etapa de su vida: “Cuatro mudanzas, una muerte, dos canalizaciones, dos noches en [el pabellón de] psiquiatría, una noche en el calabozo, una sesión de maltrato policial, un sin número de escenas con la aparición de estelar de picoletos, los munipa y los nacionales (…) y un retiro psicoespiritual en un seudocentro de desintoxicación okupado” (pág. 51).
Con estos mimbres avanza este Naufragio, entre desgracias soportables y siguiendo el compás de La niña de los peines, cuyas letras acompañan los capítulos de este libro que, al contrario de la mayoría que he citado de este subgénero, supura realidad.
Ninguna editorial de postín avala esta obra que con otro sello probablemente adivino que conseguiría un calado comercial considerable, pues parece ocupar un agujero en nuestras letras que no sabíamos que existía y está muy bien integrado en el zeigeist. Julia Outón se camufla y a la vez se exhibe en este libro que descifra el arte de “las brujas de medio pelo”, en cuyas filas ella se encuentra con orgullo y revela los secretos indispensables para seguir viviendo en un mundo que es incapaz de escapar de su propia locura.




Muy buena reseña y muy acertada. He leído el libro y la verdad es que me ha impactado esa autenticidad de la narración, sin ninguna necesidad de cita y entrocada con una oralidad con la que me siento muy identificada. No conozco a la autora pero espero que siga trabajando en esta senda tan vinculada con una tradición y, por otra parte, tan fresca. Gracias.