Y MIENTRAS TANTO EN JAPÓN… (I)

Y MIENTRAS TANTO EN JAPÓN… (I)

14 de enero de 2026 1 Por Ángulo_muerto
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Daniel Aguilar

Desde que terminó la II Guerra Mundial, la reeducación de postguerra ha modelado un japonés ajeno a todo lo que no sea su más estrecho círculo. Las noticias de los medios de comunicación principales son cada vez más escasas, centradas en tres o cuatro temas por día, y el resto del espacio lo ocupan los deportes, los programas sobre comida y los pseudo-escándalos de los famosos. Todo está cuidadosamente calculado, claro, y dichos medios aplican la política del ostracismo que se resume en la típica frase de “si no hablas del problema, no existe”. Por tanto, no sorprende todo lo que debiera ver cómo cuestiones de especial relevancia son desconocidas por la gran mayoría de la población, aunque la relativa libertad que existe en internet esté cambiando algunas cosas… para el interesado en buscarlas.

Con todo, lo que a priori resultaría más sorprendente para alguien poco familiarizado con los entresijos del lado oscuro que mueve el mundo, son los paralelismos de muchas de sus situaciones con lo que ocurre en Occidente.

Cartel contra el proyecto de mezquita en Fujisawa

El más inmediato y fácil de percibir es la progresiva penetración del islam en el país, no en vano la muy poblada Indonesia está relativamente cerca. Así, en tan solo veinticinco años, se ha multiplicado por nueve el número de mezquitas (164 en la actualidad) y actualmente existe una gran polémica ante la prevista construcción de una de grandes proporciones en Fujisawa (en el sur de Tokio), que levanta gran preocupación entre los vecinos, que intentan frenar el proyecto como sea. El ayuntamiento sostiene que no existe ningún fundamento legal para paralizar el proyecto y por tanto sigue adelante. Así las cosas, uno puede entender que el Gobierno japonés se esté planteando gravar con impuestos a las entidades religiosas (hasta ahora exentas), pero eso tendría un efecto desastroso en muchos templos pequeños budistas y sintoístas, propiciando que, como en todos los demás aspectos de la sociedad, solo sobrevivan los grandes.

También polémica, aunque menos, es la cuestión de los cementerios, ya que según el rito islámico no se debería proceder a la incineración, que es la costumbre japonesa. Actualmente existen en Japón cerca de una decena de estos terrenos, pero la comunidad islámica exige día sí día también incrementarlos. También, como era de esperar, avanza la eliminación del cerdo de los menúes escolares y el acaparamiento de los ayudas sociales por parte de este colectivo, mientras que se ha implantado también aquí el llamado “delito de odio”, cajón de sastre para acallar lo que convenga.

Protestas contra los kurdos frente a la estación de Kawaguchi

Pero lo que sí levanta verdaderas ampollas y está en boca de todos es el llamado “problema kurdo”. Miles y miles de kurdos (sobre todo de nacionalidad turca) se concentran en un área al norte de Tokio compuesta por las ciudades de Kawaguchi, Toda y Warabi. Muchos de ellos cuentan, en principio, con categoría de “refugiado”, pero ya se han convertido en un verdadero problema social. Aumentan sus agresiones hacia las mujeres (silenciadas por los medios y autoridades, como en Europa), la conducción de vehículos sin poseer licencia para ellos y todo tipo de trabajos realizados de manera ilegal. Cualquier intento de reducir el problema recibe al momento la etiqueta de “racismo”.

El nuevo gobierno japonés del PLD presidido por Sanae Takaichi (digamos que la facción más a la derecha del partido, pero “sin exagerar”), ha prometido mano dura contra los residentes ilegales, así como un mayor rigor en las condiciones de los futuros permisos de residencia y nacionalizaciones, pero no está claro en qué terminará todo. Por el momento, no parece que la entrada en sí se esté restringiendo, ni las expulsiones acelerando. Obviamente, este endurecimiento de las políticas del PLD (salvando las distancias, algo similar al PP español) nace de la comprobación de que una serie de partidos se están beneficiando de la laxitud de sus políticas en la materia, porque lo que sí se está acelerando es la aparición de partidos políticos hartos de esta situación de inmigración inasumible, inadaptable y descontrolada (otro día hablaremos de los chinos). El pionero fue el Nippon Daiichi to (Japan First Party), de corte identitario, pero debido a que se centra exclusivamente en el rechazo a la influencia extranjera sin tocar para nada otros aspectos de la política, su envergadura es muy limitada, se encuentra demasiado anclado en el pasado y su recorrido carece de futuro. El de modos más tradicionales es el Hoshuto (Partido Conservador), pero por el momento sus resultados son también modestos, aunque muy superiores al caso anterior. También, a nivel muy local, ha aparecido el Nihon Yamato to (Nihon Yamato Party), que por el momento tiene actividad únicamente en las ciudades de Toda, Warabi y Kawaguchi donde hierve el problema kurdo y organiza vistosas protestas frente a las estaciones de tren (con un muro de policías que los separa de los talludos miembros del Partido Comunista que acuden a increparlos) y que enarbolan el lema de “Japanese first”. Dicho lema, por cierto, nace del “Japan first” popularizado por un partido de nuevo cuño, el Sanseito, que es el de corte más moderno y el más exitoso, ya con 18 diputados, aunque por supuesto, su programa cubre muchísimos más aspectos. El partido destacó sobre todo en su lucha contra la farsa plandémica, las inútiles mascarillas y las siniestras “vacunas”, pero su faceta anti-inmigracionista y anti-globalista también es muy marcada. Huelga decir que casi todas las actividades de estos partidos, por muy multitudinarias que alguna vez puedan llegar a ser, son silenciadas sistemáticamente por los apesebrados medios de comunicación.

Protesta contra la presencia kurda en Kawaguchi

Los motivos de estos cuatro partidos para no colaborar entre sí parecen ser cuestión de matices, de egos y de imagen, pero de esto también sabemos un buen rato en España. Lo que sí está claro es que aquellos japoneses con interés por el bien del país (especie minoritaria) están empezando a ver que el futuro puede pintar muy mal. Y que gracias a las últimas elecciones generales, la composición del Parlamento japonés de hoy es un poco mejor que la anterior, aunque no sea más que por la espectacular subida del Sanseito y la salida del Komeito de la coalición de gobierno, un turbio partido de integrismo budista que en sí mismo debería ser ilegal (puesto que en teoría Japón exige separar religión y política). Por tanto, el gobierno de hoy está en mejor situación que el anterior para tomar medidas ante el deterioro de la realidad nacional. Otro día, como digo, hablaremos de la cuestión china en una segunda parte de este artículo.

Intento de sensibilización con uso de niños