
ARTE DEGENERADO
17 de octubre de 2025 ![]()
Entrevista de Frank G. Rubio a Juan Francisco Pastor Paris
Juan Francisco Pastor Paris (Madrid, 1981) es crítico de arte y ensayista. Doctor en Literatura Comparada y Licenciado en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid. Conocido por sus planteamientos controvertidos e iconoclastas, su línea de investigación se encuentra centrada en lo fantástico y lo fuera del margen en la literatura y el arte. Dentro de su obra cabe destacar La puerta del monstruo (Casimiro, 2023), Femme Fatale. Imágenes de la bella diabólica (ArchivosVola, 2019), Expresionismo (ArchivosVola2022), o Arte degenerado (Casimiro, 2024), entre otros libros.

FGR: Todo comenzó con la construcción de la Casa del Arte Alemán en Munich…
JFPP: Si, ese fue el punto de inflexión, aunque la cosa ya venía de antes. De esos tiempos en los que Hitler vagabundeaba por Viena como cualquier otro pintorzuelo bohemio, malvendiendo acuarelas y mascando rencores. Al fin y al cabo, las artes nunca dejaron de estar en su punto de mira. Tampoco los judíos, que le habían jodido bien echándole de la Academia. También jodieron a Europa y al mundo, de paso. La verdad, poco les habría costado darle un poco de cancha al chaval… Sea como fuere, la “Casa del Arte Alemán” la inauguraron en el 36 y Hitler remozó los viejos tiempos diseñando los bocetos de ese monstruoso museo, donde se expondrían las grandes obras germanas pasadas por el filtro nazi. Quizá quería que fuese ejemplo de limpieza y sobriedad, pero acabaron creando un maravilloso y delirante templo pagano…
FGR: Dónde el 19 de julio de 1937 se inauguraron dos exposiciones muy distintas pero intensamente complementarias…
JFPP: No estaban en el mismo edificio pero cerca, a tiro de piedra. Todo esto tuvo lugar en Múnich, que fue aupada como capital artística en 1933, dado que a Hitler los dislates del Berlín weimariano le producían escozor abdominal. Casi en el mismo lugar fueron inauguradas dos muestras, por un lado la «Gran exposición del arte alemán», en ese santuario pagano que te digo, y por otro la «Entartete Kunst», donde se reunía todo el arte considerado degenerado. Sólo había que cruzar un parque, ya que Ziegler y Goebbels habían buscado un lugar adecuado para el evento: los sótanos del Instituto Arqueológico de Múnich, cuyas habitaciones tenían trazas de catacumba. Buen sitio para aquel Freak show que querían montar… La intención era llevar a cabo el contraste violento entre las dos, y durante muchos años la crítica ha tragado con el marco, enarbolando lo dispar entre ambas. Y sí, la cosa chillaba de primeras, pero estaban más ligadas de lo que podría parecer a primera vista.
FGR: Boris Groys ha dejado claro, en un libro muy personal, las conexiones entre las vanguardias en Rusia y el “realismo socialista”, que se acabó instalando como lenguaje artístico oficial. El ”realismo socialista” en sus inicios no era otra cosa que una propuesta vanguardista más. En Alemania tú mantienes que el caldo de cultivo del totalitarismo estético nacional socialista se encuentra en el expresionismo. Desarrolla por favor este punto para nuestros lectores
JFPP: Más que desarrollarlo yo me limitaría a apartar la paja que nos impide ver. Porque las vanguardias pueden engañar, y de hecho engañan a base de bien. Se suele mirar la cosa por encima y gusta darle a la moralina de pacotilla. En ese plan, parecería que no hay nada más alejado de las vanguardias que los totalitarismos de principios del XX, cuando es todo lo contrario. Era un periodo de turbulencia máxima, de vacío, conflagración, creación y destrucción. De ansia por alzar ídolos que tomasen el lugar de un dios recién muerto. Y bien muerto, diría yo, porque su carroña empezaba a apestar. Las vanguardias, sobre todo algunas como el expresionismo o el surrealismo, estaban mórbidamente próximas a los totalitarismos; todos bailaban desquiciados, anhelando cubrir un agujero, arrasar con el mundo que fue y erigirse en nuevos mesías, creando paraísos desde los escombros. Como digo en el libro, estaban coqueteando constantemente con el abismo hasta alumbrar unos engendros que luego se les echarían al cuello. Los nazis son la combustión carnívora del principio tenebroso expresionista. La pesadilla en la que deriva el ciclo onírico del romanticismo negro, por fin hecha carne. De ahí la lucidez que muestra Alfred Kubin con su novela Die Andere Seite… El arte expresionista marcaba el pulso interior del pueblo alemán, tan proclive a lo fantástico, a lo terrorífico y subterráneo. Tanto que acabó alcanzando su extremo, dando a luz a Hitler y a su caterva de bohemios armados, todos ellos bien románticos. El arte nazi podría parecer clásico y adocenado cuando en el fondo era puramente romántico, grotesco, dionisíaco, abismal.
FGR: Hoy miramos hacia atrás, a las etapas iniciales del arte burgués y por lo menos yo siento cierta nostalgia. Se pasó del Arte Puro a la “decadenze” y de allí al pandemónium de las vanguardias…en cuestión de unos pocos lustros. ¿Qué ocurrió?
JFPP: Ocurrió el siglo XIX, que tuvo tela. Aquella especie de «unidad cultural» cimentada con el realismo a mediados del siglo se va viniendo abajo, cargando las tintas hasta que estalla. Como buen experto que soy en metáforas burdas, diré que es una olla exprés que empieza a desbordarse y al final revienta, poniéndolo todo perdido. Marx y las convulsiones sociales, el romanticismo que se reviene, Darwin con las iguanas o Freud que por fin da la llave de la luz en esa habitación que, hasta el momento, habíamos iluminado apenas con una vela… Pero sobre todo Nietzsche terminando de descabezar a Dios para dar lugar a un enorme agujero vacío. En vez de convertirnos nosotros mismos en dioses, lo que hicimos fue echar a correr como pollos sin cabeza. Aunque es cierto que una vez muerto Dios, hay quien puede tomar sus galones para prometer paraísos y garantizar infiernos. Para cambiar la historia, a fin de cuentas… En serio, Hitler y Stalin fueron el mejor ejemplo de aquello que ya le habría gustado encarnar André Breton, si hubiese tenido huevos. Pero todo acabó cayendo en un proceso de disolución y metamorfosis que, lo queramos o no, acaba pariendo la cultura de hoy. Las vanguardias y los totalitarismos medran en el mismo mundo, uno que se percibe súbitamente ajeno, con un tufo a cataclismo inminente.
FG: Qué papel crees tiene en todo este berenjenal el arcaísmo posromántico y la resurrección de mitologías? El Caso Wagner, por ejemplo…
JFPP: Wagner es el ejemplo clásico de esa ansía por redescubrir antiguas mitologías germánicas que luego encarnarán las agrupaciones Volkitsch como la sociedad Thule o la Ahnerberbe… Todo sospechosamente similar a ese arcaísmo posromántico del que hablas, que va desde el medievaleo prerrafaelita a Gauguin marchando a enredar a la Polinesia, el africanismo perenne… «Arte de negros en éxtasis», decía Carl Einstein del expresionismo… Bueno, creo que este querido asunto parte de resolver el clásico conflicto decimonónico entre el mito y el logos fusionando un entusiasmo impostado con la necesidad de refugio, de otorgar sentido a la existencia. Los nazis maridaban su creencia en fetiches ancestrales con los mayores logros científicos y técnicos del momento… Parecido al cubismo, siempre a cuestas con los ídolos cicládicos mientras pontificaba sobre matemáticas cartesianas y geometrías euclidianas. Tanto para nazis como para ciertos artistas de vanguardia el primitivismo era crisol de purificación a base de pasado legendario, eso sin dejar de aferrarse a las mayores perversiones racionalistas del materialismo y las novedades modernas. Paradojas de la vida…
FGR: La Naturaleza como referencia mantuvo atada a la bestia oculta en el hombre occidental, amaestrada por Roma y el cristianismo. Rota la correa, periclitado el Circo con la llegada de la Ciencia, la expresión no podía tener otro aroma que el de la pocilga…que pronto será completamente digitalizada.
JFPP: (Sonriendo) Buena manera de expresarlo. Es la maloliente pocilga del rebaño, de ese hombre- masa que ha terminado de desarrollarse en la contemporaneidad y que mostró bien el culo a principios del siglo pasado, cuando la circunstancia barría la diferencia entre intelectuales y populacho mientras el sustrato repulsivo de la naturaleza humana brillaba en todo su esplendor. Y me refiero a esa «alma colectiva», que acuñó Gustave Le Bon, estupendo lugar donde se descompone la individualidad en el fango de la turba. Siempre de lo más carnicero a lo más servil y cumplidor. De la banalidad del mal, que decía Hannah Arendt, al despliegue de la hipocresía humana aplaudiendo en los balcones cuando el Covid para luego acosar a los vecinos mientras se peleaban por el papel higiénico… y ahora fingiendo que le importan un carajo los niños muertos de Gaza. Es una puta basura. Todo en aras de obtener validación y superioridad moral. Porque hoy es peor aún debido a nuestros tiempos, que han hecho que el hombre-masa evolucione al siguiente estadio, eso que llaman el «enjambre digital»… Para echarse a temblar.
FGR: Es curioso cómo los nazis reconvirtieron su furioso estribillo «contra el arte degenerado” en negocio contante y sonante…háblanos de esta deriva tan humana, demasiado humana.
JFPP: Pues sí, nada nuevo bajo el sol. Los nazis, que podrían ser muchas cosas menos tontos, no dudaron en hacer caja con esa degeneración que tan locos les traía. Todo un mercadeo infecto que tuvo su máxima expresión en la subasta de la Galería Fischer, que se celebró en Suiza en 1939. Tuvo mucha chicha, entre algún que otro cuadro de Gauguin, «El bebedor de absenta» de Picasso, un autorretrato de Van Gogh… Lo más interesante no es ya que Hitler quisiese sacar pasta, sino toda esa recua de buitres que acudieron a las subastas dándose de picotazos entre sí al ver un Picasso a mitad de precio. Siempre tuvieron una jugada redonda para justificar su avaricia y que el dinero fuera a parar a las arcas nazis en plena guerra mundial… ¡La beatífica salvación de las obras! Lo que hay que hacer para salvar la cultura, amigos…

FGR: Deshumanización del Arte y bondades de la guerra…¿Cómo y porqué enloqueció tanto la gente a comienzos del siglo XX? ¿Ves paralelismos con nuestro tiempo de moralina woke y “nueva normalidad IA-digital”?
JFPP: La verdad es que sí, me gusta ir a la comparativa. Como te decía antes, a principios del XX la percepción de un mundo ajeno favorece una especie de aura colectiva de cataclismo, de hundimiento y subversión de los valores tradicionales. Hay un perenne volcán a punto de estallar en el que el rebaño empieza a arrojarse en plan kamikaze. La cuestión es que la locura de entonces era inseparable del pulso creación- destrucción. Se vivía en un clima constante de violencia intelectual a la que había que dar salida. Ahora no hay nada de eso; estamos en la fase final del apocalipsis y sólo tenemos delicuescencia, mediocridad, blanda miserabilia, autoengaño a paletadas. El ser humano convulsiona en su ansia terminal por el principio del placer freudiano, sin que haya nada más. Es para cubrir nuestra auténtica naturaleza que se recurre a cubos y cubos de hipocresía. Porque, le pese a quien le pese, estamos condicionados por la necesidad de poder, jerarquía y posesión. La basura woke y su tiranía de la moral es uno de los más vomitivos ejemplos de ello, al ocultar bajo una máscara de progresismo una mecánica de censura ultraconservadora. Luego están las bondades de la era digital, con los móviles alienando al rebaño y las redes sociales como platea donde pasear miserias. Se paladea la inmensa violencia que la piara tiene reprimida… Así vamos, mientras nos extinguimos poco a poco, en un apocalipsis untado de mermelada y mantequilla.
FGR: El nacimiento del segundo Reich transformó radicalmente el mundo germánico. Nietzsche tomó conciencia del horror que venía envuelto en el oropel wagneriano, con su cristianismo de pega, suponiendo que por entonces hubiera otro, y su remedo forzado y viscoso de lo ancestral. ¿De dónde viene toda esa permeabilidad alemana a lo monstruoso? ¿De Napoleón? ¿De sus dilectos admiradores: Hegel y Goethe? ¿Del romanticismo? ¿De la alimentación?
JFPP: (Risas) Igual es un poco de todo eso… Hay algo de tempestuosa indigestión salchichera en ese Sturm und Drang tan reincidente. Nietzsche se engolaba un poco más, cuando decía aquello de que «el alma germana ama las nubes y todo lo que es turbio, movedizo, crepuscular, húmedo y velado». El ethos alemán siempre ha sido un tanto turbio, sin duda. Gourmet de fantasías tenebrosas y gran apóstol del romanticismo negro, donde luego las reflexiones expresionistas terminan de zambullirse en la oscuridad total. Lógico que luego esos abismos se hagan carne en los nazis. Demasiado jugar con la oscuridad y la crueldad. Es como una epifanía…

FGR: Lo “demónico dionisíaco”, la distorsión de lo apolíneo y la escultura nazi…sus prolongaciones posmodernas: El anti arte contemporáneo.
JFPP: Partiendo del arte auténticamente contemporáneo, lo que no deja de ser interesante. El arte que resume lo más oscuro del alma humana, que puede ir más allá de la forma para alcanzar lo grotesco por caminos ocultos y, desde luego, más perversos. Es gracioso ver cómo a la crítica se le ha pasado por alto ese pequeño gran componente del arte nazi, el que encubre lo demónico más tremebundo bajo las telas neoclásicas. Queda mejor reírse de lo tarugos que eran, señalando con el dedo un academicismo ridículo y gañán muy lejos de las bondades de esas vanguardias tan transgresoras al ojo del espectador. El problema es que ver lo que hay debajo de las cosas es un poco más difícil… Más aún sin nos encontramos empapados de moralina ridícula. Las esculturas nazis, sobre todo las del llamado «Miguel Ángel del Tercer Reich», Arno Breker, son en el fondo ídolos paganos que se encomiendan a poderes terribles. Como apunto en el libro, bajo su frigorífico erótico supura una lujuria demónica tal como sólo puede abrazar una demencia transfigurada. Y en eso me importa bastante poco si los nazis eran conscientes o no de lo que estaban haciendo. En el fondo, a todo eso a lo que aspiraban los artistas dando vueltas por los cafés, subiéndose a las mesas y soltando memeces, los nazis lo encarnaron en crudo. Pero es mejor quedarse en eso de que qué malos y tontos eran. Huelga decir que los mismos que se ríen del arte nazi luego van a Arco a que les metan doblada una patochez, de esas que presumen mostrar los más profundos sentires, y se van tan contentos, pensando que entienden algo de las complejidades artísticas. Es un poco patético, pero en fin…
FGR: “Metrópolis” y el cine expresionista. Arquetipos de un dominio total de las mentes…también inventaron la televisión…
JFPP: Si, no olvidemos que el expresionismo es quizá el único movimiento de vanguardia que trata de vertebrar todas las artes y lo consigue, con mayor o menor fortuna. El cine expresionista es hijo bastardo de la pintura y el teatro, creando una nueva sintaxis que mezcla las artes plásticas con la literatura, terminando de cristalizar pesadillas, visiones, espíritus y fantasmas. Los cineastas se convirtieron en auténticos expertos en convocar a las fuerzas oscuras que acechan en el subconsciente. Krakauer ya lo apuntaba, en aquel ensayo, «De Caligari a Hitler», y yo lo suscribo. ¿El placer que encontraban los alemanes en evocar el horror traslucía deseos sádicos, masoquistas, desdoblamientos de la personalidad y prefiguraciones tiránicas? El desfile de tiranos del cine expresionista ya nos hace ver cómo estaba en el fuego, cociéndose, el potaje nazi. Criaturas maléficas que se ocultan tras fachadas honorables, de Caligari al Dr. Mabuse. Todos ellos, como esa estupenda fémina robótica de metrópolis, expertos en manejar a las masas. En el libro trato bastante el tema de la hipnosis, característica de muchos de estos villanos. Poderes mesméricos usados para anular la voluntad, reflejo del magistral manejo de las almas que pronto Hitler llevaría a cabo. Un protopadre de la horda primitiva, tan freudiano él, al que no se le pasaba por alto el componente erótico de la hipnosis… La fijación de la libido del sujeto a la figura del hipnotizador. Hitler dijo en una ocasión que las masas eran femeninas; sólo esperaban que llegase un hombre poderoso para seducirlas. No me cabe duda de que el rebaño participó gustoso de su propia desfloración, a manos del Führer.



Muy interesante