UMMO 1929

UMMO 1929

18 de abril de 2025 0 Por Ángulo_muerto
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JOAQUÍN ALBAICÍN

En un gran artículo de 1929 se refiere César González Ruano a dos hermanos noruegos que en aquella época frecuentaban la tertulia ocultista arracimada en el Café Gijón en torno a Mario Roso de Luna, escritor de novelas y folletos que le habían valido el apelativo de El Mago de Logrosán. No debe confundirse a éstos con los hermanos Repullés, discípulos de Eliphas Lévi y espiritistas medio tronados que asimismo iban por allí. Los dos que nos interesan, “delgados como hilos” y con bigote, eran -repetimos- noruegos y de claro fenotipo escandinavo. Uno, recuerda Ruano, tomaba café mientras el otro solamente saboreaba un terrón de azúcar. Nunca decían ni mú y, por lo general, se iban sin pagar. Estoy casi seguro de que se trataba de los dos extraterrestres, de aspecto nórdico y, supuestamente, médicos vinculados más de tres décadas después a la Baronesa de Ruiz de Lihory y que, durante una temporada en que se alojaron en el Hotel Emperador de Madrid, por los mismos días en que cerraba allí José Ignacio Sánchez-Mejías las corridas de los toreros a los que apoderaba, fueron vistos por varios ufólogos y receptores de cartas del planeta UMMO que, en el Café Lion, asistían a la tertulia del profesor Sesma y su Asociación de Amigos de los Visitantes del Espacio.

El año, el 29, el del artículo de Ruano, cuadra a la perfección. Nótese que la tertulia de Sesma, la de los ummitas, irá un cuarto de siglo después a domiciliarse inicialmente en el Café Gijón, como en su día la de Roso de Luna visitada por los dos noruegos. Y que aquella presencia de la pareja en la tertulia teosófica coincide con el intento, comentado por Roso de Luna en la prensa, de establecerse comunicación desde la estación radiotelegráfica brasileña de Sepetiba, la mas potente del mundo, con los habitantes del planeta Marte. En Al habla con los marcianos, aparecido en el diario La Libertad el 7 de febrero: “El asunto de la comunicación con nuestro rojo planeta vecino”, escribe Roso, “empieza a salir del campo de la teoría y del ensueño”. Y al final, ¿qué pasó? “Media hora de espera en vano” -leemos- “. ¡Marte no responde!”. Pese a ello, uno de los científicos implicados, el doctor Richard Mansfield Robinson, aseguró que el objetivo se había logrado, sólo que los terrestres no habían sido capaces de captar el radiograma marciano de respuesta al terrícola. Y, ¿cómo lo sabía Robinson? Pues por telepatía.

¡Naturalmente! Y, ¿no era, sin duda, por telepatía como hemos razonablemente de asumir que departían con los demás asistentes a la tertulia aquellos hermanos noruegos que, como recuerda Ruano, no pronunciaban jamás una palabra? ¡Con mayor motivo si tenemos en mente que allí nadie más que ellos hablaba el idioma propio de las gentes de los fiordos!

Son los días, además, en que Madrid tiembla de aprensión desde que, un año antes, el mismo Ruano difundiera con cierta sorna el descubrimiento y descifrado del alfabeto e idioma de los marcianos, parecidísimo al francés, en el marco de unos trances propiciados, a finales del XIX, a la médium parisina Helena Smith por un espíritu llamado Leopoldo. Ruano había conocido, visitando su sede en Montmartre, a los discípulos de ésta: varias pensionistas, un camarero, un travesti y una chica muy guapa a quien seguía visitando Leopoldo, integrantes todos de la Asociación de Amigos de Marte. Sabía, pues de lo que hablaba. Entre aquel reportaje y su mención de un año después a los hermanos nórdicos existe una obvia relación, nada de puntadas sin hilo.

Sabemos, sí, que tenaces investigadores como Manuel Carballal, Javier Sierra o Antonio Ribera han creído descubrir en aquellos dos galenos nórdicos, asociados -decíamos- en Albacete y a comienzos de los años 50 a la Baronesa de Ruiz de Lihory y señalados como extraterrestres por los corresponsales ummitas de los seguidores de Sesma, a dos oficiales de la SS fugados de Alemania tras la guerra. Pero el recuerdo de Ruano por nosotros recuperado deja claro, por muy apolillado que ya esté, que la de oficiales nazis fue sólo una de las muchas coberturas por ellos usadas a lo largo del tiempo… ¡De los eones, quizá! ¿Bajo cuál se esconden ahora, aparentando aún la misma edad e idéntico porte vikingo que en 1929 y que en los 50? ¡Quién sabe! Pero, de que siguen entre nosotros, no cabe la menor duda. Como tampoco de que el modo en que en ciudades como Valencia, Madrid o Barcelona se ha disparado el alquiler de pisos turísticos ofrece a los extraterrestres en general, no sólo a ellos, unas posibilidades de penetración y camuflaje antes insospechadas.

Así que… ¡Mucho ojo!